El buen británico no nace, se hace

Una gallega explota el bum de peticiones de nacionalidad británica y ayuda a foráneos a aprobar un obsoleto examen


Redacción / la voz

Las reglas para conseguir la nacionalidad británica no entienden de raza, sexo y religión. Ni tampoco de dinastías. Hasta la prometida del príncipe Enrique, Meghan Markle, tendrá que dedicar unas jornadas de biblioteca para aprobar el examen que garantice que es digna merecedora de ser súbdita británica. Probablemente entonces, como los muchos europeos que angustiados por lo que sucederá con sus derechos tras el divorcio de Bruselas se apuntan en bloque a solicitar esta nacionalidad, acabará sabiendo más del país del fish and chips que su abuela política, la reina de Inglaterra. Entre las preguntas a las que tendrá que hacer frente se encuentran algunas tan disparatadas como cuánto mide el London Eye, quiénes fueron los primeros en llegar a Gran Bretaña en la Edad de Piedra o cómo se llama el primer hombre que corrió una milla en menos de cuatro minutos.

Desde que en junio del 2016 los británicos dijesen sí al brexit, las solicitudes para convertirse en británicos de pro aumentaron exponencialmente. De hecho, entre los españoles que llevan más de cinco años residiendo en el Reino Unido, las peticiones se multiplicaron por cuatro debido, en la mayoría de casos, a la incertidumbre de lo que pasará a partir de marzo del 2019. Con el latoso y caro proceso que conlleva: un trámite que puede durar alrededor de un año -entre la realización de un examen, una entrevista personal para constatar el nivel de inglés y diversos laberintos burocráticos- y que llega a suponer hasta mil euros de gasto. Por si esto fuera poco, cada vez son más los que tienen que pedir una ayuda extra para asegurarse pasar a la primera la prueba de conocimientos y cultura británica que, según datos oficiales, suspende un tercio de los candidatos.

Lo sabe bien Mónica Mosquera. Esta bióloga de Neda (A Coruña) se planteó pedir la nacionalidad británica en el 2014, cuando el UKIP (Partido por la Independencia del Reino Unido) comenzó a fantasear con la idea de salir de la UE. «Sonaban campanas y preferí curarme en salud. Entonces empecé a prepararme el examen. Y lo hice al mismo tiempo que estaba aprendiendo a diseñar webs, así que me planteé el proyecto en el que estoy embarcada ahora». Esta bióloga afincada en Brighton se refiere a Life in the UK Test Web, un portal en el que ofrece de manera gratuita una infinidad de preguntas susceptibles de caer en el examen (en total son 24) y materiales de apoyo para que, como informaba The Guardian la pasada semana, nadie siga los pasos del candidato que suspendió 64 veces la prueba.

Más trabajo por el «brexit»

Con una carga de trabajo enorme - «la gente tiene mucho miedo al brexit y, desde luego, hay un bum en la demanda de ayuda», explica Mosquera-, asegura que recibe quejas porque se trata de un examen «obsoleto, en el que entran preguntas que poco tienen que ver con la vida diaria en el Reino Unido. Hay muchas fechas y cuestiones que no conoce ni un británico».

José Miguel Méndez, venezolano de padre coruñés consiguió, tras más de un año de espera, su ansiada nacionalidad británica. Asegura que el examen es asequible para los cristianos «porque tiene muchas cuestiones relativas a esta religión», y que él solo falló la pregunta de «¿cuándo comenzó a ser gratis la educación en el Reino Unido?». Ahora echa un cable a su hermano con las pruebas, que como tantos emigrantes no tiene claro que las promesas de Theresa May garantizándoles su estatus de ciudadanos lleguen a cumplirse.

Este temor se extiende, aunque justo en sentido contrario, a los nacidos en el Reino Unido. Muchos bendicen más que nunca su ascendencia irlandesa, aunque sea como excusa para seguir perteneciendo a la Unión Europea. Para muestra un botón: tras el brexit las solicitudes para obtener pasaporte irlandés aumentaron un 70 %.

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