El «rey Sol» vuelve a brillar

Fernando Iturribarría PARÍS / COLPISA

INTERNACIONAL

LUDOVIC MARIN | Afp

La bonanza económica y su liderazgo europeo impulsan a Macron

26 dic 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Emmanuel Macron no deja de romper moldes en la política francesa. A los 40 años recién cumplidos, el jefe del Estado más joven en la historia de Francia ha recibido como regalo de aniversario una inédita remontada en los sondeos de popularidad. La bonanza económica y su liderazgo europeo e internacional propulsan al arriesgado cumplidor de sus promesas liberalizadoras entre una ciudadanía inclinada a dar tiempo a un mandatario que, por fin, hace lo que dijo que iba a hacer.

Los franceses son benévolos y pacientes con un presidente que les ha pedido un plazo de dos años para juzgar los resultados de sus políticas reformistas. El margen de confianza parecía que se había agotado en verano cuando su suerte se deslizó por el tobogán de la impopularidad. Macron reunía un promedio del 52 % de opiniones favorables en junio recién llegado al palacio del Elíseo. En septiembre, se había desplomado hasta el 40 %. Todo apuntaba a que se veía condenado a sufrir la irremediable dinámica a la baja de sus predecesores, una ley no escrita que fue especialmente cruel con François Hollande.

Pero Macron es un fenómeno también en los sondeos. Los estudios realizados en diciembre le otorgan una cuota media del 52 % de pareceres positivos, que la empresa Odoxa eleva hasta el 54 % con un repunte de nueve puntos en un mes. «Macron ha recobrado la confianza, algo que nunca habíamos visto antes ya que por lo general la aprobación de los mandatarios caía y no volvía a subir», constata el politólogo Pascal Perrineau. La insólita remontada resulta aún más significativa si se tiene en cuenta que ha recuperado los favores tanto de simpatizantes socialistas como de conservadores. 

Papel internacional

Su papel de impulsor de la construcción europea y una política internacional que ha devuelto a los franceses el orgullo nacional son los aspectos que más satisfacen a los encuestados. En especial se pone en valor su pulso a Donald Trump, con quien se ha enfrentado por su reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, su desmarque del acuerdo nuclear con Irán o su abandono del pacto climático de París.

En el debe de la balanza, la insatisfacción sigue siendo mayoritaria en cuestiones económicas y sociales. La prometida reforma por decreto del mercado laboral, la controvertida supresión del impuesto a las grandes fortunas y la subida de las retenciones obligatorias que penaliza a los pensionistas han contribuido a forjar la imagen de «presidente de los ricos» para el 67 % de los sondeados. Los observadores pronostican que ese estigma le acompañará durante todo su mandato al igual que las apreciaciones sobre su falta de modestia y su lejanía de la gente.

«Mientras los franceses perciban su arrogancia como una forma de atacar los problemas del país pasarán de sus defectos personales y de su tendencia al autoritarismo», aventura el politólogo Jérôme Jaffré. A juicio de su colega Brice Teinturier, el hiperactivo reformador del Elíseo «da a los franceses la impresión de que está desbloqueando el país» al desmarcarse de la imagen de pasividad e impotencia que prevalecía entre los gobernantes de la vieja escuela.

La mejoría de las perspectivas económicas en un contexto europeo y mundial alentador juega a su favor. El Instituto Nacional de Estadística prevé que la economía francesa crecerá este año un 1,9 %, lo que significa el mayor ritmo desde el 2011 y dos décimas más que la previsión efectuada por el Gobierno. «Su suerte obedece en parte a las circunstancias», constata el analista Alain Duhamel, que describe el alineamiento de planetas en torno al nuevo «rey Sol»: un crecimiento más sólido heredado de Hollande y el entorno internacional, una oposición hecha trizas, unos sindicatos divididos y unos socios europeos cooperativos.