Macron intenta igualar el poder alemán

El presidente francés quiere poner coto al arrollador dominio económico de Alemania


Bruselas / Corresponsal

A Emmanuel Macron le han bastado dos meses para reconciliar a Francia con sus socios. La canciller alemana, Angela Merkel, fue la primera en escuchar sus cantos de sirena. La relación con el presidente de EE.UU., Donald Trump, empezó con mal pie, pero su reciente visita a París ha encendido la llama entre los dos. «Nada nos separará nunca», le dijo el francés, convencido de que la presencia del magnate es un «signo de amistad» que «atraviesa los tiempos».

¿Por qué tanta camaradería entre dos líderes en las antípodas ideológicas que rivalizan por ver quién estrecha más fuerte la mano? Macron ha dejado claro que sus ambiciones personales y sus aspiraciones políticas confluyen en un mismo punto: conseguir situar a Francia en la misma posición de poder que ostenta Alemania como primera potencia económica de la UE. Para conseguir tomar la delantera a Merkel, apuesta por ganarse la simpatía de líderes fuertes como el norteamericano, quien comparte la preocupación de Macron por los efectos de la ultracompetitividad germana.

Si la canciller alemana revalida la victoria en las elecciones del 24 de septiembre, no tendrá más remedio que negociar con él. EE.UU. es un socio tan incómodo como valioso para conservar el poderío comercial de su país, pero Trump se la tiene jurada. El superávit del 8 % que acumula anualmente Alemania desde hace más de siete años obsesiona al estadounidense, quien amenaza con imponer aranceles a las importaciones desde la UE si el país germano sigue incurriendo en prácticas comerciales agresivas por parte de su industria.

El malestar también se deja sentir dentro de la propia UE. Macron exigió a Merkel en su último encuentro que saque el dinero del colchón, suba los salarios y empiece a invertir en la zona euro. Una iniciativa que podría ayudar a Francia a levantar el vuelo y salir de la cuerda floja por el déficit. El mismo mensaje que le lanzó la directora del FMI, la también francesa Christine Lagarde, a la canciller. «Lo que pedimos no es que Alemania baje su competitividad, no se trata de eso. Es legítimo que haya cierto superávit, pero lo ideal sería que lo bajara al menos del 8 al 5% del PIB. Para eso lo que se necesita es que los alemanes inviertan más».

Está por ver si el renovado idilio del eje francoalemán se prolonga más allá de las elecciones alemanas, si entra dentro de los cálculos de sus líderes. Macron se reunirá esta misma semana con el candidato socialdemócrata, Martin Schulz. Prepara el terreno para lo que pueda venir. Algunos analistas apuntan a la posibilidad de que Merkel, más preocupada por su industria que por el debate del futuro de la UE, busque antes el contacto con Washington. Si la canciller no accede por las buenas a las demandas del francés (mayor flexibilidad presupuestaria, un new deal para la UE, reglas sociales comunes, normas comerciales justas, un ministro y un presupuesto para la zona euro), Macron tratará de jugar la baza de Trump para forzar el giro que necesita Francia en una UE que, siete años después de la crisis, sigue siendo rehén de las políticas económicas de Berlín.

¿Podrá imponerse el carisma de Macron a la fortaleza alemana? Aunque Merkel sabe que la carta diplomática la tiene el francés, su Gobierno no se ha quedado de brazos cruzados. Quieren apuntalar su dominio y atar bien los cabos a través del Banco Central Europeo (BCE). El mandato de Mario Draghi llega a su fin en el 2019 y Alemania quiere colocar en su silla al halcón Jens Weidmann, el científico loco de la austeridad.

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