La UE elevará a prioridad la crisis en el Mediterráneo

La situación se ha agravado porque las cuotas de reubicación desde Italia y Grecia no se han respetado


bruselas / corresponsal

«Se ha tardado demasiado» y «no se ha hecho todo lo que se tenía que hacer». Es la denuncia que lanzó ayer el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, durante el estreno de la presidencia rotatoria de la UE, en manos de Estonia durante los próximos seis meses. El luxemburgués apuntó directamente a los países miembro como culpables de la situación de desbordamiento que vive Italia en sus fronteras. Nadie arrima el hombro para aligerar la carga del país mediterráneo que lidia en solitario con el drama migratorio a las puertas de Europa un día sí y otro también.

Mientras la UE trata de mirar a otro lado, las embarcaciones con centenares de personas parten diariamente desde las costas libias rumbo al Viejo Continente. La situación se ha agravado porque las cuotas de reubicación desde Italia y Grecia no se han respetado. A dos meses y medio de que caduque el programa, hay países que todavía no han acogido a un solo asilado (Polonia y Hungría). El Gobierno italiano está desesperado. Su primer ministro, Paolo Gentiloni, se reunió esta semana con Juncker para darle un ultimátum: o la UE coopera o no seguirán desembarcando en su costa a la gente rescatada en el mar. El jefe del Ejecutivo comunitario le pidió calma y cautela. Ayer anunció que su equipo presentará nuevas medidas la semana que viene, cuando se reunirán los ministros del Interior de los 28.

La presidencia estonia ha tomado nota: «Necesitamos soluciones urgentes», admitió su primer ministro, Juri Ratas, quien puso el foco sobre la presión que están viviendo los países mediterráneos. Desde abril del 2016 sus socios están inmersos en una batalla por la reforma del sistema europeo común de asilo. Juncker les reprochó la tardanza: «La reforma ha tardado demasiado», indicó. Les da un plazo de seis meses para avanzar de forma decidida en el expediente que lleva enquistado en Bruselas meses por las visiones divergentes de los países del norte, el sur y el bloque del este en torno a la obligatoriedad de introducir cuotas permanente o el mecanismo de reparto de responsabilidades que países como Hungría o Eslovaquia trataron de reducir a una mera «solidaridad flexible» que nadie acaba de articular. «Nadie puede mirar hacia otro lado cuando llegan a las costas del sur de Europa embarcaciones llenas de inmigrantes. No podemos pretender que sean los países en primera línea de llegada los que asuman todo el peso de la crisis», recordó Ratas.

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