La UE y China tropiezan y dejan sin firma la declaración sobre el clima por disputas comerciales
03 jun 2017 . Actualizado a las 09:51 h.Un no al acuerdo de París le ha bastado al presidente estadounidense, Donald Trump, para subir la temperatura en todo el planeta en menos de 24 horas, al menos en sentido figurado. El magnate ha desligado a EE.UU., una de las potencias más contaminantes del globo, del pacto que había suscrito contra el cambio climático, en el que seguirán embarcados 193 países con la UE y China a la cabeza. La decisión cayó como un jarro de agua fría en las principales cancillerías de Europa, el segundo en una semana tras el sermón en la sede de la OTAN, y provocó un cierre de filas automático y llamativo por lo unánime que fue.
Washington «está dando la espalda al mundo», lamentó el presidente francés, Emmanuel Macron, quien advirtió junto a la canciller alemana, Angela Merkel, y el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, que el acuerdo «no se puede renegociar». O te sumas o abandonas. «No os equivoquéis: En el clima no hay plan B», le recordó a Trump el galo con un mensaje en parte en inglés que maravilló a la opinión pública francesa. La alemana no esconde a estas alturas su mala sintonía con el norteamericano. Fue muy visceral a la hora de valorar la decisión: «Es muy lamentable y me expreso de manera muy contenida», indicó. La teutona llamó a todos los firmantes a unir sus fuerzas y seguir adelante. «No hay marcha atrás, aunque el camino sea pedregoso». Gentiloni dejó claro que Italia «no dará un paso atrás», la premier británica, Theresa May, transmitió por teléfono a Trump su «decepción» y el español Mariano Rajoy no quiso ser menos. Garantizó que la «UE seguirá liderando la lucha contra el cambio climático en la dirección correcta».
Y eso es precisamente lo que quiere Bruselas, marcar el paso, tomar la delantera en la cruzada para reducir las emisiones: «Estamos en el lado correcto de la historia», aseguró el comisario de Energía, Arias Cañete. La UE no ha tardado en salir a buscar aliados y China es el primero que se ha asomado a la puerta. Su primer ministro, Li Keqiang, se reunió ayer en Bruselas con los líderes de las instituciones comunitarias, a sabiendas de que su papel será fundamental para reconfigurar el equilibrio internacional. En la galería todo fueron gestos amables y hasta cómplices. Pero detrás de los focos, las distancias siguen siendo muy grandes. Los dos socios fueron incapaces de cerrar una declaración conjunta en apoyo del acuerdo de París por sus divergencias en el terreno comercial. «Intentamos acercar posiciones, pero aún no estamos ahí», confesó el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker.
¿Qué ocurrió? Que China, sabedora de la necesidad europea de lanzar un mensaje contundente a Washington, exigió como contraprestación que la UE se comprometiese a reconocer al gigante asiático como una economía de mercado. Y claro, Europa no aceptó el órdago tras reiterar sus quejas por el dumpin que practica Pekín en sectores como el acero.
Pese al evidente resbalón diplomático, el presidente del Consejo, Donald Tusk, trató de inyectar optimismo y dejó claro que, aunque no se firmó la protocolaria declaración, el compromiso en la lucha contra el cambio climático sigue inalterable e incluso reforzado. «Mientras China y la UE muestran responsabilidad y se comprometen con las futuras generaciones, EE.UU. comete un error histórico. Debemos continuar con o sin ellos», señaló el polaco. Li Keqiang se mostró dispuesto a colaborar porque «en estos tiempos de inestabilidad internacional es útil para todo el planeta que las relaciones entre China y la UE sean sólidas»
Entre la desazón de Juncker y la esperanza de Tusk
La llegada de Trump al poder ha supuesto un tsunami de imprevisibles consecuencias en un orden mundial que navega a la deriva, sin un rumbo claro. Son momentos tan apasionantes como turbulentos. Para muestra, esta declaración de Juncker: «Sinceramente, no me hace feliz la posibilidad de poder trabajar de forma más estrecha con China que con EE.UU.». Un Juncker, por cierto, que ayer no dudó en afear a los dirigentes de Pekín la situación de los derechos humanos en su país. En Bruselas insisten una y otra vez en que hay vida mucho más allá de Trump y que hay que mantener la calma por el convencimiento de que se disputa una carrera de fondo. «Las relaciones trasatlánticas fuertes son mucho más importantes y más duraderas que las decisiones desafortunadas de la nueva Administración», recalcó Tusk.