¿Hasta cuándo la alerta de Bruselas?  

Cristina Porteiro
Cristina Porteiro BRUSELAS | CORRESPONSAL

INTERNACIONAL

DIRK WAEM | AFP

Comienza a cuestionarse la decisión y el operativo para cazar al terrorista

24 nov 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Bruselas vivirá hoy su cuarto día de máxima alerta por amenaza terrorista. Sitiada y fortificada por un gigantesca dotación de militares y policías. Las escuelas y el metro no abrirán hasta mañana, y su apertura será «progresiva», ya que el nivel de alerta seguirá al máximo hasta el próximo lunes. «Es una señal clara y fuerte de que queremos evolucionar hacia una situación normal», anunció ayer el primer ministro belga, Charles Michel, tras el dictamen del órgano que analiza la situación (Ocam). «La amenaza es seria e inminente», confirmó. 

Los bruselenses no salen de su estupor. Tras lo 29 registros y 21 detenciones efectuados la noche del domingo, las autoridades liberaron ayer mismo a 17 de los sospechosos, tres están siendo investigados y solo uno ha sido acusado de participar en los atentados de París. Eso es todo lo que han conseguido tras convertir las calles de Bruselas en un teatro de operaciones y atrincherar a los ciudadanos en sus casas.

¿Ha sido exagerada?

Los medios belgas cuestionan la decisión inédita de bloquear de forma «preventiva» la ciudad por un tiempo tan prolongado y comienzan a surgir las preguntas. ¿Ha sido exagerada la reacción de las autoridades belgas? «Supongo que si mantienen la alerta es porque tienen razones de peso para ello pero, ¿hasta cuándo? ¿Qué pasará cuando se acerque la Navidad y los centros comerciales se llenen de gente?», se preguntaba ayer Roberto. Trabaja en una librería del barrio europeo y confiesa que algunos de sus clientes habituales no se han acercado a recoger pedidos por el temor a desplazarse hasta ese punto.

«No entiendo el criterio del Gobierno. Nuestros hijos se quedan en casa pero nosotros vamos al trabajo. ¿Por qué?», se preguntaba ayer Adela, una funcionaria de la Comisión. Será difícil para las autoridades seguir manteniendo el sitio sobre Bruselas por más tiempo y justificar la amenaza sin nuevas detenciones de gran envergadura.

La policía trata de dar caza a Salah Abdeslam, el octavo terrorista de París. El tiempo se agota y el trabajo no es todo lo fructífero que se esperaba, especialmente después de la lluvia de críticas que recibió el cuerpo de inteligencia por la cadena de errores cometidos en los meses previos al atentado de París. La Policía y el Gobierno quieren lavar la imagen pero se encuentran con verdaderos obstáculos. La coordinación entre la policía de las 19 comunas de Bruselas no funciona. Faltan traductores y agentes con conocimiento de árabe para poder infiltrarse en los barrios más impenetrables de Bruselas, como Molenbeek, donde las redadas se realizan siempre sobre la marcha, cuando la atención pública se dirige de nuevo a ese enclave yihadista. Y faltan efectivos. Ayer mismo los alcaldes de los diferentes barrios de la capital pidieron 288 efectivos de policía adicionales antes de abrir las escuelas. Pero existen serias dudas de que el Estado cuente con los recursos para proporcionar la cobertura que exige un nivel 4 de alerta en Bruselas y alerta 3 en el resto del país. 

Por el momento, Bruselas resiste, pero no se sabe cuánto más puede aguantar. El calendario aprieta a las autoridades. El domingo se celebrará una cumbre entre la UE y Turquía. Habrá que ver cómo se las ingenia para levantar el sitio. Los ciudadanos, a pesar de todo, resisten: «Bruselas se mantiene fuerte» reza el cartel de un local.

Gatos para despistar a los «malos»

«Para los gatos que nos ayudasteis anoche... ¡Sírvanse!». De esta forma, con un apetitoso plato de comida gatuna, la Policía Federal de Bélgica quiso agradecer a los tuiteros que durante la noche del domingo ayudaron con su silencio en las redes sociales a que los terroristas no tuvieran información sobre el operativo para detenerlos. Pero el silencio, fue sustituido por llenar Twitter de gatos. Los felinos son muy queridos en la red, pero esta vez estaban ahí para despistar. Solos, en grupo, de varios colores, con gafas, disfrazados o jugando. Un movimiento ciudadano, espontáneo y con cierta retranca para distraer a los «malos».