Un descenso demasiado brusco

El avión volaba a unos 11.000 metros y en muy poco tiempo descendió a los 2.000. Un cambio de altitud tan abrupto debió ser comunicado por los pilotos al control del área, puesto que ello implica tener que despejar el espacio aéreo bajo él


Lo primero que se enseña en los cursos de investigación de accidentes aéreos es a no especular con las causas. Hoy en día los investigadores tienen a su alcance prácticamente todos los datos y circunstancias que rodean el siniestro. Huyendo de cualquier afán especulativo conviene concentrarse en los hechos ahora conocidos: estado del avión, entrenamiento de los tripulantes y condiciones meteorológicas reinantes en el momento del accidente. El avión estaba en buenas condiciones, los tripulantes cumplían con la normativa vigente en cuanto a condiciones físicas y entrenamiento para volar ese modelo de nave, y las circunstancias del tiempo en la ruta no parecen haber sido malas.

El avión volaba bajo la responsabilidad del control de área francés, con seguimiento por radar y conforme a la ruta definida en su plan de vuelo convenientemente aprobado. El sobrevuelo de cualquier zona montañosa como los Alpes obliga a guardar unas alturas mínimas de seguridad, y en ese entorno las altitudes mínimas en ruta (conocidas como MEA, por sus siglas en inglés) son bastante elevadas: en la zona del accidente exceden los 4.000 metros sobre el terreno. Un hecho que conocemos ya es que el avión volaba a unos 11.000 metros y en muy poco tiempo descendió a los 2.000. Este brusco descenso en esa zona tan montañosa implica un desastre casi seguro. Un cambio de altitud tan abrupto debió ser comunicado por los pilotos al control del área, puesto que ello implica tener que despejar el espacio aéreo bajo él. Y lo normal es que no se autorice a ningún avión a volar por debajo de las altitudes mínimas de la zona. Necesitar descender tanto y de forma tan brusca habría obligado a declarar una emergencia y declararla implica especificar sus motivos.

Es posible que la respuesta esté en las grabaciones de las conversaciones entre el avión y el control de tierra. Un descenso tan repentino solo puede deberse a dos causas: fallo total de los motores que imposibilitarían mantener la altura y forzarían a la tripulación a intentar un descenso planeando hacia un campo de aterrizaje próximo. Pero tal circunstancia debiera haber sido notificada al control. Un vuelo tan bajo en esa zona puede haber supuesto formación de hielo en el avión y este hecho pudo haber precipitado las cosas. Otra posible razón para provocar ese descenso puede haber sido una despresurización de la cabina, lo que habría obligado a suministrar oxígeno al pasaje y descender a toda prisa a una altitud donde el aire fuese más respirable. En ambos caso el avión iba a tener que volar por debajo de la altitud mínima en la zona y la colisión contra el terreno se tornaba inevitable.

Si no se comunicó al control la necesidad de un descenso de emergencia, uno se ve obligado a pensar en un fuego a bordo, posiblemente por causas eléctricas, el cual pudiera haber afectado también a las comunicaciones aire-tierra del aparato, tanto las normales por la radio como los sistemas automáticos conocidos como ACARS, que informan cada poco tiempo de la situación del avión y sus sistemas.

Una vez más estaremos a la espera de que se comunique el resultado de la investigación, que llevará tiempo y será exhaustiva. No se olvide que en los hechos están involucrados intereses alemanes, por ser suyos la bandera de matrícula del avión y parte del pasaje; como de España, por haber también españoles entre los pasajeros y ser España el origen del vuelo; de Francia, como lugar del accidente y bajo cuyo control aéreo se hallaba el avión al caer; y de los países que forman el consorcio Airbus, fabricante del avión.

Las indemnizaciones a pagar serán cuantiosas, y sin duda se llegarán a conocer las causas últimas del suceso. Por elevadas que sean las cantidades, en ningún caso compensarán la pérdida de vidas humanas, y solo cabe confiar en que conocidas las causas se pongan los medios que eviten que se repitan en el futuro. Mi opinión es que la clave radica en conocer qué provocó que el avión no mantuviese el nivel de vuelo previsto en esa ruta.

* Santiago Tena es técnico de operaciones de vuelo, piloto y abogado diplomado en Derecho aeronáutico

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