No es espionaje, es otra cosa

Miguel A. Murado

INTERNACIONAL

03 nov 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

En el escándalo del espionaje que domina las noticias estos días es importante distinguir un matiz: que no se trata solo de espionaje. Espionaje es lo que, por lo visto, les han estado haciendo a Angela Merkel y a otros líderes mundiales. Ese es el viejo espionaje de siempre, aunque sea con medios más sofisticados, y se resolverá mediante un acuerdo que seguramente ya está en marcha en estos momentos. Fijará algunos límites (y se vulnerará más adelante).

La monitorización de millones de llamadas de ciudadanos europeos, aunque puede llamarse también «espionaje» en un sentido amplio, es algo diferente y relativamente nuevo. Juzgando por lo que se ha filtrado hasta ahora, da la impresión de que no es un programa para investigar a sospechosos ni para vigilar el ciberespacio o el éter telefónico. De lo que se trataría sería de elaborar en cada país una especie de censo, un perfil sociológico, de estudiar los hábitos de relación de cada individuo en particular para, de este modo, estudiarlo retroactivamente o prever su comportamiento futuro en función de sus amistades. Es algo similar a una tarjeta de fidelidad de un supermercado, solo que realizado de forma obligatoria y sin que tengan conocimiento los afectados.

La NSA, queriendo quitarle hierro al asunto, insiste en que solo recoge el origen, el destino y el número de las llamadas (lo que se conoce como megadatos). Pero esto es lógico. El contenido de las llamadas sería irrelevante. Pocas contendrán información valiosa y analizarlas requiere un esfuerzo titánico y de resultados engañosos (si no se tiene en cuenta el contexto, esas llamadas pueden conducir a pistas falsas). Lo que importa es la red de relaciones que revelan. Facebook proporciona la misma clase de información. Pero no todo el mundo es suscriptor de ese producto y, por el momento, nuestras pautas de comportamiento al teléfono ofrecen un panorama más realista de nuestros contactos personales.

La comparación con Facebook no pretende aquí ser una ironía ni quitar importancia a la cuestión, sino que es útil porque permite quizás anticipar qué ocurrirá con esta nueva herramienta del espionaje.

Del mismo modo que los usuarios de Facebook habrán notado que, sin consultarles, los estándares de privacidad se han ido aflojando rápidamente con el tiempo, los servicios de inteligencia harán cada vez más uso de este pozo de información. Los gobiernos no han sido capaces de regular empresas privadas como Facebook y otras, por lo que no cabe esperar que puedan regularse a sí mismos o respetar acuerdos entre Estados en este campo. De todas formas, la opacidad hará imposible saberlo, evaluarlo o cambiarlo.

el mundo entre líneas