El país más corrupto de América Latina

Sectores enteros del chavismo se lucran de la opacidad en la renta petrolera


redacción / la voz

El que llegara al poder como abanderado de la lucha contra la corrupción deja el país metido en ella hasta el cuello. Y eso no lo dicen los majunches o escuálidos -calificativos despectivos con los que se refería a los miembros de la oposición-, sino el último índice de percepción de la corrupción elaborado por Transparencia Internacional, que sitúa a Venezuela como el país más corrupto de América Latina.

Los 19 puntos que le adjudica -a más puntos más transparencia- alejan a Venezuela de sus inmediatos seguidores en el continente, que son Paraguay con 25, Honduras con 28, Nicaragua con 29 y Ecuador con 32. Todos ellos, en mayor o menor medida, en la órbita chavista. En las antípodas aparecen Chile y Uruguay, con 72 puntos.

La «Robolución»

Son muchos los venezolanos que sin dejar de reconocer el grado de deterioro que había alcanzado la vida política de la IV República, rebautizaron a la revolución bolivariana, hace ya años, como la Robolución.

Ciertamente la corrupción no la inventó Chávez. Se remonta al menos a 1821, el año de la independencia, y ha fluctuado a lo largo de los siglos XIX y XX con los distintos Gobiernos, casi al ritmo de la renta petrolera que en los 14 años de gobierno del comandante fallecido alcanzó la fabulosa cifra de 1,5 billones de dólares, ya que encontró el oro negro a siete dólares el barril, llegó a los 120 y se estabilizó en el entorno de los 100.

El manejo opaco de esas fabulosas rentas, al haber eliminado en la práctica la división de poderes que define a los regímenes democráticos, fue el caldo de cultivo de una boliburguesía cuyo referente por excelencia es Diosdado Cabello, otro militar golpista, hoy presidente de la Asamblea Nacional.

PDVSA

Uno de los principales focos de corrupción ha sido la petrolera estatal PDVSA, que, a partir del año 2003, dejó de publicar sus estados financieros anuales consolidados. Si algún día se llega a realizar una auditoría fiable de sus cuentas, el resultado puede ser de vértigo.

El dedicado a la corrupción parece que fue un capítulo que se saltó Chávez cuando leyó las obras completas del Libertador. Ya en el año 1813, mientras lucha en la guerra de la independencia contra España, Bolívar firmó un decreto en el que estipulaba la pena de muerte para quienes fueran hallados culpables de corrupción en la primera República de Venezuela. En 1824, ya después de la independencia, firmó otro y un tercero dos años más tarde en los que definía la corrupción como «la violación del interés público» y establecía la pena de muerte para «todo funcionario culpable de robar 10 pesos o más».

Paradójicamente, uno de los primeros casos emblemáticos de corrupción del chavismo es el Plan Bolívar 2000, lanzado nada más llegar a la presidencia. Era un programa social a ejecutar en tres años por los militares, dentro del cual los soldados se dedicaban al arreglo de ranchos (chabolas) y al reparto de víveres entre sus inquilinos. La Contraloría -el Tribunal de Cuentas- detectó facturas manipuladas y cheques posdatados cambiados en efectivo por soldados por orden de un determinado general, pero Chávez le dio carpetazo.

La misma suerte corrió el caso Danilo Anderson, asesinado en noviembre del 2004, uno de los paradigmas de la corrupción en el sistema judicial que acabó en un juicio amañado.

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