Fallece Elisabeth, la joven de Málaga que había sido operada de un «tumor monstruoso» en A Coruña

Raúl Romar García
R. Romar LA VOZ

SOCIEDAD

Elisabeth Roldán, después de ser operada en el hospital San Rafael de A Coruña
Elisabeth Roldán, después de ser operada en el hospital San Rafael de A Coruña CESAR QUIAN

El sarcoma de Ewing se le reprodujo de forma acelerada después de la operación

18 feb 2026 . Actualizado a las 16:31 h.

«¡Qué poco nos ha durado la felicidad! La vida es muy injusta». José Carlos Roldán Cómitre apenas puede contener la emoción cuando habla de su hermana, Elisabeth, que acaba de fallecer a los 39 años después de haber superado una operación en la que le habían extirpado un tumor de cuatro kilos y 30 centímetros que había desplazado el corazón, el diafragma y los bronquios a la derecha hasta comprimirlos. La joven había sido intervenida en una compleja operación, casi imposible, realizada el pasado 2 de enero en el Hospital San Rafael de A Coruña por el equipo del cirujano Diego González Rivas. Era su única opción para sobrevivir ante un «tumor monstruoso» que crecía de forma insaciable. Elisabeth, una luchadora como como pocas, se aferró a la vida y ganó. Pero solo había obtenido una prórroga. El sarcoma de Ewing, que le apareció por primera vez en el 2009 en el cerebro y que se le reprodujo en el tórax en octubre del 2024, acabó con ella.


La operación había salido bien. El tumor gigante se había extirpado de forma limpia y la joven empezaba a recuperarse. «He vuelto a nacer. Ahora tengo dos cumpleaños, uno el 29 de agosto y otro el 2 de enero», llegó a decir con una sonrisa que iluminaba la habitación del hospital donde fue atendida y que reflejaba una voluntad de ánimo contagiosa. Pero todo fue un espejismo. El tumor volvió a reproducirse a pasos agigantados y no pudo soportarlo. «Esa agresividad es algo que no había visto en mi vida, nunca había visto nada igual, nunca», explica compungido Diego González Rivas, quien pese a realizar miles de operaciones por todo el mundo nunca se había enfrentado a nada semejante. «Cuando se fue de aquí estaba bien, le hicimos un tac antes de irse y estaba limpia», añade.

Sin embargo, José Carlos, su hermano, advierte que la fiebre le había empezado ya en A Coruña. Incluso le costaba tragar. «Cuando llegó a Málaga la fiebre era cada vez más alta y le costaba tragar aún más», dice. A partir de ahí todo fue muy rápido. En su ciudad le hicieron un tac de contraste y confirmó lo peor: el cáncer estaba creciendo de forma acelerada. «Estaba desplazando el esófago y tenía problemas en el pericardio, en el corazón, con la otra pleura...», relata su hermano, quien prefiere que de Elisabeth quede el legado de una mujer voluntariosa y con un ánimo inquebrantable. Elisabeth falleció este domingo. «La verdad es que hemos tenido muy mala suerte», admite.

Que a Elisabeth le hubieran extirpado el tumor no suponía que estuviera curada. Se había librado de una muerte que se presagiaba inminente, pero el riesgo seguía existiendo, como aventuró en su momento el anestesiólogo que participó en la operación, César Bonome: «O la operábamos o se moría, pero eso no significa que la paciente esté curada. Son tumores muy agresivos e infiltrantes que podrían volver a reproducirse». El presagio se cumplió.

De Elisabeth queda su sonrisa y el ejemplo de su lucha.