El presidente del Constitucional y del Parlamento lo han rechazado
19 feb 2012 . Actualizado a las 07:00 h.No habían pasado ni 24 horas desde que el presidente federal alemán, Christian Wulff, anunciara su renuncia por sospechas de corrupción y amiguismo, y ya tenían lugar las primeras negativas de potenciales sucesores. El presidente del Tribunal Constitucional, Andreas Vosskuhle, rechazaba -según varios medios alemanes- la candidatura, al igual que el presidente del Bundestag (Parlamento alemán), Norbert Lammert.
Comenzó la cuenta atrás cuando falta menos de un mes para que se reúna la Asamblea Federal, que deberá elegir al undécimo presidente -cargo meramente representativo- en la historia de Alemania. En la cancillería de Berlín se citaron ayer también los líderes de los tres partidos que conforman el Gobierno de Angela Merkel (CDU, ala bávara de la CSU y liberales del FDP), para deliberar acerca de un posible candidato, y todo apunta a que hoy presentarán uno o dos nombres merecedores de la confianza de la opinión pública y de la oposición.
Esta, por su parte, rechaza a políticos en activo. El anuncio de Merkel el viernes de buscar un candidato de consenso no es puramente altruista, sino también oportuno, ya que la coalición gobernante tiene una exigua mayoría de tres votos en la Asamblea Federal. Después de dos dimisiones en menos de dos años (primero el expresidente del FMI, Horst Köhler, y luego el ex primer ministro de Baja Sajonia, el democristiano Wulff), y ambos «elección» de Merkel, parece pertinente que decidan terceros.
Sigmar Gabriel, el presidente de los socialdemócratas, comparecía ayer, junto con los líderes de los Verdes, el otro principal partido de la oposición, para rechazar de plano a un político en activo y remachar la necesidad de un presidente «que esté por encima de intereses partidistas».
Ayer mismo, la Fiscalía de Hannover abrió el proceso judicial contra el presidente saliente, Christian Wulff, después de solicitar al Parlamento que le levantara la inmunidad, una petición que precipitó el cese del susodicho, después de dos meses de ser pasto de titulares en la prensa muy poco benevolentes.
Tan solo en una ocasión, en 1989, hubo total unanimidad en la Asamblea Federal, un órgano que se convoca cada cinco años con la exclusiva misión de elegir al presidente o presidenta de la nación, y Richard von Weizsäcker fue elegido por amplia mayoría para desempeñar un segundo mandato.