La decisión del movimiento chií abre un nuevo período de incertidumbre política en el Líbano
13 ene 2011 . Actualizado a las 02:00 h.El Gobierno de unidad nacional del Líbano se desmoronó ayer con la renuncia de los ministros del movimiento chií Hezbolá y sus aliados, sumiendo al país en una crisis vinculada con la investigación sobre el asesinato del ex primer ministro Rafic Hariri, padre del actual jefe del Gobierno. Las dimisiones fueron anunciadas en el mismo momento en que el presidente Barack Obama recibía al primer ministro libanés, Saad Hariri, en la Casa Blanca.
Tras su reunión, Obama y Hariri se comprometieron a trabajar por la estabilidad del Líbano. Washington atribuyó la renuncia de los ministros de Hezbolá a «su propio miedo».
La secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, de gira por el Golfo, entró en contacto de inmediato con dirigentes franceses, saudíes, egipcios y de otros países para destacar la necesidad «de que haya un consenso internacional sobre la necesidad de sostener el Tribunal E special para el Líbano».
«El asunto reviste una cierta urgencia actualmente», aún cuando el Hezbolá no parece querer convocar a manifestaciones callejeras, añadió.
Once dimisiones
Según la Constitución libanesa, el Gobierno, que cuenta con treinta ministros, cae si más de una tercera parte de sus ministros se retira (en este caso, once). Tras la dimisión de los diez ministros de Hezbolá y sus aliados, un undécimo ministro, Adnan Sayed Huseín, cercano al presidente del país, Michel Suleiman, presentó después su renuncia, lo que produjo automáticamente la caída de un Gobierno que se había formado el 9 de noviembre del 2009, después de casi cinco meses de arduas negociaciones.
«Se espera que el presidente de la república tome rápidamente las medidas necesarias para formar un nuevo Gobierno», dijo el opositor y ministro de Energía, Gebrane Basil, rodeado de los dimisionarios.
Los diez ministros del Hezbolá y sus aliados presentaron su dimisión debido a la investigación del tribunal de la ONU sobre el asesinato en el 2005 de Rafic Hariri. Hezbolá había dado un plazo de «algunas horas» al Gobierno para tomar una decisión sobre este «tribunal que divide al país», después de que se filtrara que este está a punto de emitir una acusación en la que podría inculpar a miembros del movimiento chií.
El tribunal provoca desde hace meses una dura pugna entre Hariri, que defiende su investigación, y el partido chií, que acusa a la instancia de «estar a sueldo de Israel y EE.?UU.» y de basarse en falsos testimonios. Desde hacía meses, Siria, aliado de Hezbolá, y Arabia Saudí, que apoya a Hariri, mediaban para dar una salida a la crisis.
La situación actual recuerda a la del 2006, cuando seis ministros de Hezbolá dimitieron del Gobierno de Fuad Siniora, cercano a Saad Hariri, en un contexto de crisis política y de divergencias sobre la creación de un tribunal internacional para juzgar a los asesinos de Rafic Hariri.
Esas dimisiones provocaron una crisis de dos años y colocaron al país al borde de una nueva guerra civil en mayo del 2008, con enfrentamientos entre partidarios de Hariri y de Hezbolá que dejaron unos cien muertos.