Con una rueda de prensa que en realidad fue un monólogo de 32 minutos, despidió el año Silvio Berlusconi. Una de las sorpresas fue su anuncio de que «con un centroderecha diverso» en el 2013 podría no ser él el candidato a primer ministro, mientras que sobre el futuro de la presidencia de la república admitió tener en la mente a un candidato «que podría ser el jefe del Estado mejor para unir al país». «No soy yo», aclaró, mientras aludía a Gianni Letta, uno de sus más fieles colaboradores. Il Cavaliere nunca ocultó su deseo de presidir el país.
Aunque descartó la posibilidad de convocar elecciones anticipadas en el 2011, precisó que ya acordó con sus socios de la Liga Norte que a finales de enero se verá si es posible continuar con el Gobierno: «Si no podemos hacerlo, mejor ir a votar, ya que estoy seguro de ganar». Il Cavaliere afirmó que cuenta con varios diputados desilusionados de sus partido, con lo que llegaría a 325 parlamentarios. También confía en conseguir el apoyo del centrista Pier Ferdinando Casini. De quien no quiere saber nada es de Gianfranco Fini, hasta hace poco su aliado en el partido Pueblo de la Libertad (PdL) y ahora líder de Futuro y Libertad (FLI). «Sin Fini se gobierna mejor. En la presidencia de la Cámara de Diputados no hay un presidente equilibrado, sino un líder de partido», dijo.
No faltaron las alusiones a las críticas a su vida privada hechas por su hija Bárbara, asegurando que «por desgracia, los hijos a veces están condicionados por las madres» y añadiendo: «Trabajo 20 horas al día y si de vez en cuando me reúno con los amigos para una velada distendida, no hay nada de malo».
Sobre los procesos que lo esperan si en el Tribunal Constitucional no pasa la ley de «legítimo impedimento», aseguró sentirse tranquilo porque «las acusaciones son ridículas».
En tanto, en el Senado se aprobaba, con 161 votos a favor, 98 en contra y 6 abstenciones, la reforma Gelmini, la ley de reforma universitaria, que pasa así el último trámite antes de ser sancionada por el presidente Giorgio Napolitano. Los estudiantiles no descartan más protestas tras las Navidades.