El australiano Julian Assange se ha hecho famoso difundiendo miles de documentos confidenciales, pero cuando a su vida se refiere cultiva el arte del secreto.
Este hombre de 39 años y cabello canoso conocido como revelador de abusos, apóstol de la transparencia -aunque para el Pentágono solo es un irresponsable-, mantiene un gran enigma en torno a su persona. Se niega a decir a dónde va o de dónde viene, viaja de capital en capital alojándose en casa de conocidos, no da su número de móvil y tampoco precisa la fecha exacta de su nacimiento. «Estamos ante organizaciones que no obedecen a reglas. Estamos ante agencias de inteligencia», asegura.
Nacido en Magnetic Island, noreste de Australia, tuvo una infancia movida, durante la que pasó por 37 escuelas, según cuenta a la prensa local.
En su adolescencia, destacó como pirata informático hasta que lo descubrió la policía de Melbourne. Para escapar a la Justicia, tuvo que pagar una multa y jurar que mantendría una buena conducta. La policía nunca pudo implicarlo en un incidente con los ordenadores de la NASA en 1989.
En el 2006 fundó Wikileaks, con «unas diez personas procedentes de los ámbitos de los derechos humanos, la prensa y la alta tecnología».
Durante semanas se encerró en una casa en Islandia para poner a punto su primera gran exclusiva: un vídeo que muestra la muerte de dos periodistas de Reuters y de varios civiles por un helicóptero de EE.UU. en Bagdad en el 2007 entre las risas de sus pilotos. Assange fue quien descodificó el vídeo, una tarea «moderadamente difícil» según los expertos.