La lluvia se ensaña otra vez con Brasil

Marcela Valente BUENOS AIRES/COLPISA.

INTERNACIONAL

Las escenas son devastadoras. Ciudades y poblados enteros en Brasil fueron arrasados por fuertes precipitaciones que caen sin clemencia desde el jueves en los estados de Alagoas y Pernambuco, al nordeste del país. Las lluvias provocaron el desborde de los ríos y la destrucción de barreras, puentes, vías férreas y decenas de miles de viviendas que quedaron reducidas a ruinas por el torrente. El saldo provisional es de 41 muertos, pero aún hay más de 600 desaparecidos y 173.000 damnificados, según las autoridades. Más de 100.000 quedaron sin techo.

«Hay ciudades en las que parece que cayó una bomba atómica», resumió el gobernador de Alagoas, Teotonio Vilela Filho. Viviendas, escuelas, hospitales e iglesias quedaron destruidas como si hubiera ocurrido un terremoto de gran intensidad en estos dos estados pobres de Brasil. Las imágenes que repiten una y otra vez los canales locales de televisión muestran pueblos atravesados por torrentes de agua, zonas anegadas y lodazales entre los que se descubren apenas algunos techos de viviendas o campanarios de iglesias.

«Es importante que el presidente tome conciencia de que lo que ocurrió aquí es una hecatombe», declaró el gobernador en referencia a Luiz Inacio Lula da Silva, que se comprometió a enviar ayuda financiera. «Es una cosa parecida a lo que pasó en Haití. Hay un millar de desaparecidos. Rogamos que estén vivos, pero estamos preocupados», declaró el mandatario.

Para las autoridades de Defensa Civil son 26 los muertos hasta ahora en el estado de Alagoas y 607 las personas contabilizadas como desaparecidas. Algunas podrían estar a salvo en casas de parientes. Aún no se sabe. En solo un municipio, União de Palmares, de 62.000 habitantes, hubo nueve muertos y hay 500 desaparecidos tras romperse la presa existente en el río Mundau. Unas nueve mil personas tuvieron que abandonar sus viviendas.

Tampoco resulta fácil recuperar cuerpos y ayudar a sobrevivientes que quedaron aislados. Algunos son rescatados en helicóptero, uno de los pocos medios de transporte operativos tras el colapso de las carreteras. Los municipios más afectados en Alagoas son 30, de los cuales 15 quedaron en estado de calamidad pública. Se requieren refugios, alimentos, ropas de abrigo, medicamentos y sobre todo agua potable. Lula prometió enviar casi 50 millones de euros como una primera partida de un total que, como mínimo, triplicará esa cifra.

En tanto, en Pernambuco fueron 12 los muertos y 54 los municipios arrasados por el agua. De ellos, 30 están en emergencia y nueve en estado de calamidad pública. Poblados enteros junto al río Mundau fueron borrados del mapa después de que se quebrara la barrera del Buen Consejo que frenaba la crecida.

La Defensa Civil dijo que hasta ahora han sido distribuidas 243.000 toneladas de donativos, principalmente alimentos, medicinas y ropas, entre los damnificados, y que cada día se envían 15 camiones cargados con ayuda a las ciudades afectadas. Las Fuerzas Armadas, que ayudan desde el final de semana en las tareas de rescate con varios helicópteros, montaron dos hospitales de campaña en la región.

Las lluvias en Brasil ya causaron varias tragedias en lo que va del 2010. En Año Nuevo, tras un alud provocado por las fuertes precipitaciones en Angra dos Reis, una localidad balnearia cercana a São Paulo, murieron 20 personas, la mayoría de ellas turistas. Pero en pocos días el total de víctimas fatales casi llegó al centenar. Los estados más afectados entonces fueron São Paulo, Río de Janeiro y Minas Gerais. Más tarde, en abril, en Río de Janeiro las lluvias produjeron deslizamientos de tierra y otra vez la catástrofe. Entonces, el número de muertos fue superior a 220.

La situación podría repetirse. Los servicios de meteorología pronostican que, después de la pausa de las lluvias el domingo y el lunes, se prevén nuevos aguaceros durante varios días.