El ladrón del tren de Glasgow, libre

Imanol Allende

INTERNACIONAL

A Ronald Biggs apenas le quedan unas semanas de vida, motivo por el que el ministro de Justicia permitió su excarcelación pese a su falta de arrepentimiento

07 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Ronnie Biggs, el ladrón del tren de Glasgow, autor de una de las acciones criminales más populares en el Reino Unido, se está muriendo. Apenas le quedan unas semanas de vida debido a una grave neumonía, motivo por el que ayer el ministro de Justicia británico, Jack Straw, decidió concederle la libertad por motivos humanitarios.

A pesar de la presión de amigos y familiares durante los últimos años, las autoridades británicas habían denegado su libertad. Biggs, que mañana cumplirá 80 años, nunca mostró remordimientos por el robo del tren correo cometido en 1963.

Que la Justicia británica se ha mostrado implacable con Biggs es un hecho, del mismo modo que su figura se ha ganado en los últimos años el afecto de los británicos y la altura de personaje público. El pasado mayo, Straw se opuso ponerlo en libertad «porque nunca mostró remordimientos de sus crímenes y respeto por la condena impuesta». Su cambio de decisión de ayer «es resultado de haber considerado la evidencia médica, la posibilidad de que la muerte ocurra muy pronto y la grave incapacidad del prisionero».

Para los tribunales británicos, el criterio para poner en libertad a un preso por razones médica es que se le haya diagnosticado que la muerte ocurrirá en menos de tres meses desde el momento de su libertad. En los últimos cinco años, solo 48 prisioneros han sido puestos en libertad por este motivo. La pasada semana, Biggs fue readmitido en el hospital de Norfolk por una neumonía grave, momento desde el que su familia ha apelado al ministro que le conceda la libertad.

El robo del siglo

Ronald Ronnie Biggs nació en el barrio de Lamberth, al sur de Londres, y con solo 15 años fue detenido por robo. La madrugada del 8 de agosto de 1963 formó parte de la banda de quince que asaltó el tren correo entre Glasgow y Londres, tras trucar la señalización de la vía férrea. Tras herir a un maquinista, los ladrones se apoderaron de 120 bolsas de billetes de banco usados y se repartieron un botín de 2,6 millones de libras, una suma considerada estratosférica para aquella época.

Biggs fue capturado meses después por la policía y condenado a 30 años de cárcel, pero a los quince meses, en 1965, escapó de la cárcel de Wandsworth, en el suroeste de Londres, escalando un muro de unos diez metros de altura y dándose a la fuga en una furgoneta de transporte de muebles.

Su fuga duro 36 años. Tras un periplo de varios meses por varios continentes, aterrizó en Brasil, donde estuvo acompañado de mujeres y lujo. Pero en el 2001, arruinado y con problemas de salud, decidió regresar a su país.