Esta será una Pascua muy triste en los Abruzos, sobre todo para los han perdido a sus familiares y sus casas. El día después de los funerales de Estado, el número de víctimas se elevó a 293 tras encontrarse los cuerpos de dos mujeres y un joven de 17 años, hijo de una de ellas. Cada vez son menores las esperanzas de encontrar supervivientes, aunque se sigue buscando. Mientras comienza el largo camino de depurar responsabilidades, como pidió el presidente Giorgio Napolitano, y la Fiscalía de L'Aquila ha abierto una investigación por «desastre culposo» e inspeccionará los materiales y los métodos utilizados en la construcción de muchos de los edificios de la ciudad.
Para ello, el fiscal general, Alfredo Rossini, ya ha solicitado al Ayuntamiento los proyectos de construcción de los últimos años. Para el alcalde, Massimo Cialente, es inexplicable «cómo algunas casas se han desplomado y otras no. Debemos saber si han sido mal construidas». Tres son los edificios convertidos en símbolo del desastre: la Casa del Estudiante, el Tribunal y el Hospital de San Salvador.
Arena de playa
Como principal culpable aparece el probable uso de arena de playa en la composición del cemento armado. Paolo Buzzetti, presidente de la Asociación Nacional de Constructores (ANCE) explica que si «el cemento armado hubiera cumplido las normas, tendría que haber resistido al movimiento telúrico». De la misma idea es uno de los ingenieros de Protección Civil, Paolo Clemente, que asegura que el cemento usado en L'Aquila no era de calidad. «Existen malos constructores que utilizan arena de playa que cuesta menos que la de cantera. Además de impurezas, esta arena está llena de cloruro, lo que hace que con el paso del tiempo se corroa el hierro».
Entre las peticiones de Italia a la Unión Europea está la de expertos que ayuden a valorar el estado de los edificios. Se calcula que son cerca de 10.000 los derruidos o dañados. De Grecia, Alemania, Francia, España y Suecia llegarán técnicos que visitarán todos los edificios para decidir lo que será destruido, lo que será restaurado y lo que se puede considerar habitable. Massimiliano Cordeschi, director general de los servicios municipales de L'Aquila, explicó que los ingenieros empezarán por la parte oeste de la ciudad, «la que más se ha salvado». «Algunas demoliciones ya han sido confirmadas y otros sitios pueden acoger gente. Pero aparte de una o dos personas que no tienen miedo, nadie quiere volver a su casa» explica Cordeschi.
Así lo confirma Rossana Totani mientras espera la inspección de los técnicos: «¿Para qué sirve inspeccionar si los temblores continúan?», dice. Ella ya lo tiene decidido: «Me quedaré bajo la carpa, porque al menos aquí el techo no se me caerá encima».
Ante el largo fin de semana pascual, que en Italia comprende el lunes, el prefecto (gobernador civil), Franco Gabrielli, pidió a la gente que no se acerque a la zona. Aunque los vecinos agradecen las muestras de solidaridad, este no es el momento de hacer «turismo solidario ni de excursiones domingueras», dijo.