Unos 70.000 evacuados durmieron en tiendas de campaña, mientras crecen las críticas por la falta de previsión
07 abr 2009 . Actualizado a las 03:31 h.L'Aquila era ayer una ciudad asolada y desesperada. Sus habitantes sufrieron de madrugada uno de los peores terremotos que ha sacudido Italia en los últimos diez años. A medida que pasaban las horas y se emprendía una carrera contra reloj para rescatar a los atrapados en las casas que se cayeron como naipes, el número de víctimas en la región de los Abruzos, de la que es capital, aumentaron sin cesar. El número de muertos es de de 150, entre ellos varios niños, y el de heridos, de 1.500. De los desaparecidos nadie se atrevió a dar una cifra. Pero anoche, la preocupación era atender a las 70.000 personas sin hogar.
El epicentro del temblor, de magnitud 5,8 en la escala de Richter -según las mediciones europeas-, se localizó a diez kilómetros de L'Aquila, cuyo centro medieval ha quedado prácticamente destruido. Pueblos enteros han sido borrados del mapa. El seísmo despertó a las 3.23 horas a los habitantes de la región y a todo el centro de Italia, incluida Roma. Los habitantes de L'Aquila se lanzaron entonces a la calle. Mientras muchos se cubrieron con mantas y vagaron como fantasmas, otros se pusieron a ayudar a los que estaban atrapados bajo los escombros. Un ingeniero pasó tres horas bajo los escombros hasta que varias personas lo rescataron con sus propias manos.
Entre los edificios destruidos está la Casa del Estudiante, una residencia universitaria, de donde a última hora de la tarde se consiguió rescatar a seis jóvenes. También a esa hora se terminó de desalojar el hospital San Salvatore, declarado inutilizable en un 90%. Al menos cinco niños murieron al desplomarse una de sus habitaciones. Muchos de los heridos fueron atendidos en la calle, y los más graves, trasladados en helicóptero a centros de Roma.
Doscientas réplicas
Las réplicas -unas doscientas- se sucedieron a lo largo de todo el día, empeorando la situación de muchos edificios, y desataron el pánico entre los supervivientes. Para dificultar más las cosas, a las bajas temperaturas que se registraban anoche se sumó la intensa lluvia. Las autoridades han reunido a los supervivientes en dos centros deportivos al aire libre, donde se montaron tiendas de campaña y se sirvieron comidas calientes. Pero algunos decidieron dormir en sus coches, dado el alto número de afectados. Entre los evacuados hay muchos ancianos.
El presidente del Gobierno italiano, Silvio Berlusconi, canceló un viaje oficial que tenía programado a Moscú y visitó la zona, declarada en estado de emergencia. El jefe de Protección Civil, Guido Bertolaso, describió los hechos como «la peor tragedia desde el inicio del nuevo milenio».
La presidenta de la provincia, Stefania Pezzopane, no dudó en admitir que no están preparados para un impacto de esta magnitud y acusó a Protección Civil de haber desoído sus avisos: «Era una tragedia anunciada, la alarma de los últimos días ha sido infravalorada».