Amanece el mundo posamericano

Leoncio González

INTERNACIONAL

Obama y McCain ofrecen vías distintas para encarar el ocaso de la era unipolar

05 oct 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

| Hace meses llegó a las librerías el último trabajo de quien, según Ian Buruma, es la «voz del consenso de Davos», Fareed Zakaria. Se titula El mundo posamericano y describe lo que su autor denomina «el ascenso de los demás», esto es, la irrupción de nuevas potencias como China e India, el retorno de Rusia tras la debacle de la era Yeltsin, la expansión de la UE hacia el este europeo o la llegada de invitados como Brasil y Sudáfrica. En opinión de Zakaria, esta eclosión redefine el papel de Estados Unidos. Probablemente, no significa que se precipitará al declive, ni que desaparecerá como centro de poder mundial, pero sí que tendrá que compartir el escenario, desprenderse del sueño unipolar que Bush llevó a un callejón sin salida y prepararse para aceptar que le digan que no.

Es verdad que el diagnóstico fue anticipado por otros autores, para quienes la decadencia americana era inexorable por motivos estructurales como su desmesurado déficit presupuestario, la desbocada deuda externa, la pérdida de competitividad industrial o el deterioro de su poder blando. Pero lo que importa aquí es lo extendido que está. En ¿Qué piensa China? , Mark Leonard cuenta que uno de los debates entre dirigentes se refiere a si les conviene acelerar la caída de Norteamérica o amortiguarla para resolver los desajustes internos derivados de su crecimiento, antes de tomar ellos el timón mundial. Los que leen a analistas rusos cuentan, por otra parte, que la percepción de debilidad en EE.?UU. no ha sido ajena a la agresividad mostrada por su país en Georgia.

Hay indicios de que también Obama da por descontado este nuevo escenario multipolar que hará menos aplastante la hegemonía adquirida por EE.?UU. tras la caída del Muro. En su discurso de Berlín proclamó que existen problemas que sobrepasan la capacidad de los países de darles respuesta por separado, y en su debate con McCain expresó su fe en el diálogo cada vez que este fiaba a la superioridad militar la solución de conflictos. Se puede argumentar que estos mensajes son el tributo a la tradición de internacionalismo liberal del Partido Demócrata, y es cierto. Pero ¿no significan también que está adaptando la nave para que sea más suave su aterrizaje?

Nostalgia

Esta es la causa por la que Obama ya sería presidente si dependiese del resto del mundo mientras que lo tiene más difícil en casa. Podría darse el caso de que gran parte del electorado norteamericano no esté preparado todavía, o no quiera estarlo en modo alguno, para asimilar un papel menos imperial y más humilde que el que aguarda a su país cuando haya más centros de decisión que Washington. La nostalgia es, como saben los expertos en mercadotecnia política, una poderosa fuerza electoral lo mismo que la oferta de seguridad en momentos de incertidumbre. Pueden convertirse, de hecho, en la fuerza dominante si se les imprime la debida consistencia.

Ciertamente, hay que tener cuidado con las caricaturas. Es injusto decir que McCain se confunde con la sombra que proyecta Bush o que se limitará a seguir las cosas donde las deja este. Si llega al Despacho Oval es seguro que corregirá los errores más flagrantes de su actual inquilino. Y es probable, además, que buscaría el apoyo aliado, antes que su obediencia, como revela su deseo de crear una Liga de Democracias. Pero no es inexacto decir que el proyecto que encarna supone un intento de prolongar el resplandor que aún emiten los rescoldos de la era Reagan. No lo es señalar que su presidencia persigue frustrar, o como mínimo retrasar, el mundo posamericano descrito por Zakaria.

Por esta razón, el calvario por el que pasa Wall Street ha colocado una pesada cruz sobre su espalda al mostrar la debilidad de EE.?UU. y poner de manifiesto que se dirige el abismo si no rectifica pronto. El Pearl Harbour bancario cambia de repente las prioridades de la patria de Lincoln y deja sin apenas recorrido la agenda unipolar del senador por Arizona. Señala el límite de endeudamiento y por tanto de gasto, tanto público como privado, que permite sostener la ingeniería financiera sin poner en peligro la continuidad del sistema. Lo que le deja como programa una política de firmeza basada en pedir créditos y más créditos al Congreso con las arcas vacías.