Lucía fue madre cuatro veces de los 20 a los 40: «La mayor tiene 19 años, y la pequeña, 7 meses»
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Con dos adolescentes, una niña y un bebé a su cargo, está viviendo su cuarto posparto; el equipo médico y las posibilidades de conciliación son los mayores cambios en la maternidad que detecta en estos dos decenios
04 may 2026 . Actualizado a las 09:14 h.A los 20, a los 22, a los 32 y a los 39. A todas esas edades fue madre Lucía Couceiro (Abegondo, 1986). Ella sabe perfectamente lo que es ser madre joven, madre de familia numerosa y madre casi a los 40 años. Todo en una misma persona, que conoce bien todas las aristas de la maternidad. La mayor de sus cuatro hijos tiene 19 años, prácticamente los mismos que le lleva a la pequeña de sus hermanas, que nació hace siete meses, y casi los mismos que tenía Lucía cuando fue madre por primera vez.
Lucía se vio camino a la maternidad cuando apenas tenía 20 años. No esconde que ese primer embarazo no entraba en absoluto en sus planes, y abiertamente reconoce que fue «un desliz». «En aquel momento ni siquiera sabía si quería ser madre», confiesa.
Explica que estaba en una época de su vida en la que disfrutaba de «una libertad que no se vuelve a repetir». Por si fuese poco, hacía poco tiempo que salía con el padre de su hija mayor cuando se enteró de su llegada. La pilló «por sorpresa». «Agradable, pero sorpresa», cuenta.
Si para ella fue algo inesperado, para su entorno no lo fue menos. Lucía relata que hubo reacciones de todo tipo y que los sentimientos encontrados fueron lo más habitual. «En general, se lo tomaron bien» porque, como ella misma dice, «no deja de tratarse de la llegada de un nieto, un sobrino...». Pero esa alegría convivía con la sensación de que «no era el momento». «Entonces eres joven y la vida es muy larga y da muchas vueltas», reflexiona. La que no tuvo filtros fue la bisabuela. Lucía recuerda que lloró y no «precisamente de alegría». «No paraba de decirnos que qué habíamos hecho y, sobre todo, que qué íbamos a hacer en aquel momento», relata esta madre.
Entre ese primer embarazo y este último han pasado casi dos decenios. Por el medio, otros dos embarazos más. Sus hijos tienen 19 años, 17 años, 7 años y 7 meses, respectivamente. Es decir, Lucía es madre simultáneamente de dos adolescentes, una niña y un bebé. Se le juntan las hormonas revolucionadas, con las tardes de parque y los biberones.
La situación en la que llegaron al mundo su primogénita y la menor de sus hijas es muy distinta. «La diferencia es brutal», apunta Lucía. Pero para ella, cada maternidad tuvo sus peculiaridades. «Eso creo que lo puede decir hasta una mujer que solo tiene dos hijos», defiende.
«Cada maternidad es diferente pero eso creo que también lo puede decir una mujer que solo tiene dos hijos»
Las diferencias comenzaron ya en los nueve meses de espera: «El embarazo lo tomas de otra manera, vives las cosas de forma diferente», explica Lucía. Recuerda cómo fue la llegada al mundo de su hija mayor, Ainhoa, en plena Navidad: «Nació el 29 de diciembre, ¡ese día íbamos en batería, una detrás de otra, te ponían a parir aunque no estuvieras lista por la fecha que era!», cuenta ahora, entre risas, casi dos decenios después.
Todo lo contrario a la experiencia que vivió en este último, el de la pequeña Alicia. Incluso dice que este «lo disfrutó de otra manera». «Lo viví de forma más serena, más tranquila», relata. Una de las diferencias más importantes fue el equipo que la asistió y que identifica como uno de los mayores cambios en el modo de vivir la maternidad de las gallegas en los últimos 20 años: «La matrona y la ginecóloga ya te tratan de otra manera, hay más tacto», defiende Lucía.
Un trato impresionante
No quiere dejar de dedicar un párrafo a elogiar a los profesionales sanitarios actuales: «Con Alicia, fue impresionante el trato por parte del personal, con una atención y hasta diría que un disfrute de lo que estaba pasando», apunta esta madre. Un equipo humano que hace el proceso mucho más sencillo y que, para Lucía, marca totalmente la diferencia. «No tengo palabras para explicarlo», añade.
Incluso podría atreverse a dejar abierta la puerta de la maternidad solo por ellos: «Creo que tendría más hijos solo por la empatía, el acompañamiento que me brindaron y, en resumen, lo fácil que me lo pusieron», reflexiona. Aunque lo de afrontar una quinta maternidad lo aborda con pies de plomo: «Por gustar, claro que me gustaría, pero creo que sería difícil en los tiempos que corren», admite. Y en los tiempos que corren, siete meses después de la llegada al mundo de su cuarta hija, está viviendo el que es su cuarto posparto. «Aún estamos en ello», dice Lucía, sin entrar en más detalles.
¿Y cuál es, según su experiencia, la mejor edad para tener hijos? Para ella, el momento en el que tuvo a Sofía, la tercera: entre los 30 y los 35. «Eres más consciente de lo que conlleva la maternidad», defiende. «Con 20 años ahora mismo sería una niña con un muñeco a la que habría que ayudar», añade.
La conciliación y la vida laboral también conforman otro aspecto en el que Lucía ha notado más la diferencia entre sus maternidades. «En el trabajo tuve muchas más facilidades ahora que cuando nació Ainhoa hace 19 años», deja claro esta profesional del sector hostelero.
Se siente afortunada porque actualmente tiene un puesto que le facilita compaginar su vida laboral y familiar: «Por suerte encontré un trabajo que permite llevar a mis hijos, si no pueden ir al colegio o a la guardería, y eso se agradece mucho», explica. Pero asegura que no siempre fue así: «Cuando nació mi hija mayor, a los 15 días ya estaba trabajando», recuerda. Un aspecto que marcó de lleno su primer contacto con la maternidad: «En aquel momento no pude disfrutar de mi hija ni tuve la oportunidad de aprender a disfrutarla, porque había que trabajar», se lamenta.
«Cuando nació mi hija mayor, a los 15 días ya estaba trabajando»
Aun así, insiste en que lo de «llegar a todo» con cuatro hijos —y más siendo una de ellas bebé— es misión imposible y, día sí, día también, quedan cabos sueltos en la rutina. «Es más, ¡hay días en los que siento que no llego a nada!», bromea. Y es que las tareas del hogar en una familia numerosa son una odisea: «Si no se te amontona la ropa, se te amontonan los cacharros», admite Lucía. «¡Benditos lavavajillas!», añade.
En este contexto, contar con una «red de apoyos» es fundamental para hacerlo más llevadero. «Tengo la suerte de tener a la familia cerca, y eso ayuda muchísimo», cuenta Lucía. «Parece mentira, pero eso marca totalmente la diferencia», señala. ¿Sería posible sacar adelante a esta familia sin toda esa ayuda? La respuesta la da sin morderse la lengua: «Posiblemente, aunque estuviéramos solos lo haríamos igual, pero así se lleva mejor», argumenta. Y si algo está claro es que no es oro todo lo que reluce, porque todo tiene una cara B. A la hora de responder cuál es la peor parte de ser madre de cuatro hijos y tener que atender simultáneamente las necesidades de un bebé y un adolescente, salen palabras como «agobio» o «frustración». «Lo más difícil es intentar entenderlos y ayudarlos a todos», confiesa Lucía. «A veces no puedes, se te va de las manos», admite.
Pero lo mejor es, sin duda, ver a sus cuatro hijos interactuar entre ellos y convivir. «Es una suerte tener la mesa llena, poder dedicarles tiempo y aprender con ellos», dice Lucía. Reconoce que hay «bastante diferencia de edad entre ellos» y, aunque esto pueda ser un arma de doble filo, en esta familia pesa más lo positivo: «Es increíble ver cómo disfrutan los mayores de las pequeñas». Porque los hermanos se pelean —«y en esta casa, ¡cada noche!», matiza Lucía—, pero siguen siendo hermanos: «Saben que se tienen los unos a los otros, se protegen y se cuidan entre ellos», dice. «Solo espero que sea siempre así», concluye.