¿Cuánto cuesta romper un país?

Juan Oliver

INTERNACIONAL

Un estudio calcula que la escisión de Bélgica haría caer el PIB en 7.200 millones y llevaría a la pobreza al 27% de los valones

21 sep 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Los flamencos y los valones no se llevan. Viven en el mismo país, pero de espaldas. Apenas se relacionan entre ellos y tienen sus propias cadenas de televisión, sus colegios, sus hospitales, su policía... Todo está separado entre los belgas del norte, que hablan holandés, y los belgas francófonos del sur. Llevan meses tratando de acordar una reforma del Estado que les permita mantener unos años el frágil equilibrio de su convivencia, pero no les está resultando nada fácil.

Desde el punto de vista social la hipótesis de la ruptura de Bélgica no es exagerada, porque la verdad es que flamencos y valones no se soportan y solo viven puerta con puerta en algunos barrios de Bruselas. Salvo por el futuro de la capital bilingüe, la escisión tampoco ofrece obstáculos políticos insalvables, pues los gobiernos regionales ya disponen de amplias competencias en un Estado federal en el que los ciudadanos de una comunidad no pueden votar a los partidos de la otra.

Ruptura

Quizá por eso, los belgas creen que la separación es solo cuestión de tiempo. Aunque un estudio elaborado por uno de sus compatriotas puede hacer que se lo piensen mucho antes de pedir el divorcio.

Rudy Aernoudt, un flamenco que ha trabajado en altos cargos en las Administraciones de ambas comunidades y para el Gobierno federal, ha calculado que una escisión provocaría una profunda recesión que haría caer el PIB belga en un 2,3%, es decir, unos 7.200 millones anuales.

Aernoudt es profesor de Economía de la Universidad de Nancy (Francia) y de las escuelas de negocios de Gante y Bruselas. Además, ha sido secretario general del Gobierno flamenco, miembro del equipo de varios consejeros regionales de Valonia, y jefe de gabinete de dos ministros de Economía del Ejecutivo central. Así que se le reconoce un sólido prestigio y un profundo conocimiento de la situación.

«Yo solo doy las cifras», dice. Sus cuentas estiman que la ruptura desestabilizaría los sistemas de impuestos, pensiones y Seguridad Social de ambas regiones, lo que, unido al bloqueo de las transferencias entre ellas, colapsaría el sistema productivo. Claro que no todos los belgas lo sufrirían igual.

Desempleo y PIB

Flandes es una de las regiones más prósperas de Europa, el paro apenas llega al 5% y el PIB alcanza los 175.000 millones de euros anuales. Valonia, con menos de la mitad de esa cifra, padece un desempleo que en algunas provincias, antiguas zonas mineras y siderúrgicas depauperadas por la crisis, supera el 12%.

Esa situación, según Aernoudt, se agravaría considerablemente con la división, porque Valonia dejaría de recibir las transferencias que le llegan ahora desde Flandes a través de las cañerías del Estado federal, con las que paga a sus pensionistas y a sus desempleados y con las que sufraga el mantenimiento de sus infraestructuras. El resultado: el PIB valón caería un 6%, es decir, unos 4.900 millones al año,

«El número de valones que quedarían bajo el umbral de la pobreza pasaría del 16% al 27%», advierte el experto, que augura que Bruselas también vería reducida su creación de riqueza en un 1,8%. Lo curioso es que Flandes no ganaría nada, porque, aunque se ahorraría lo que ahora transfiere a Valonia, se vería afectada por el envejecimiento de su población y podría llegar a perder un 0,7% de su PIB.

Aernoudt está entre los belgas que no quieren que su país se parta en dos, y quizá por eso ha completado su estudio con una extrapolación de lo que pasaría si, en vez de separarse, se preocuparan por tener un Estado más eficiente, en el que no se dieran paradojas como esta: mientras 200.000 valones cobran el paro, 150.000 ofertas de trabajo se quedaron sin cubrir el año pasado en Flandes.

Si cosas como esa no pasaran, asegura Aernoudt, el PIB de Valonia, Flandes y Bruselas crecería entre un 4 y un 5%, el paro se contendría y la marca belga ganaría enteros. Pero el problema es que para muchos belgas la ruptura no es cuestión de dinero. Solo de tiempo.