Un país cada vez más importante para España

Miguel A. Murado

INTERNACIONAL

Se puede decir que lo último que ha hecho el presidente Abdallahi como tal ha sido ver Mallorca, donde se encontraba todavía hace poco más de una semana, comiendo con el Rey. Se firmó entonces un tratado de amistad y un acuerdo de inversiones con los que se pretendía limar las asperezas surgidas en julio a raíz de la renegociación del convenio de pesca entre Mauritania y la UE.

España, que apoyó a Mauritania en la primera firma de este convenio en el 2006, se encontró con que en la revisión de este año perdía muchas licencias. En la Moncloa se hablaba incluso de recurrir ante el Tribunal Europeo cuando llegó Abdallahi sonriente y parecía que todo estaba resuelto. Ahora ya no se sabe.

Habrá que esperar y ver cuáles son las intenciones de los militares que han tomado el poder. Abdallahi no era ningún dechado de perfecciones (aunque nadie quiera acordarse ahora, procedía del entorno del terrible dictador Taya), pero fue elegido democráticamente y estaba haciendo reformas importantes. España lo había premiado con un aumento sustancial de su ayuda, de 4 millones de euros en el 2003 a 11 millones este año, incluyendo la ambiciosa canalización de agua de Magth Lajhar. Madrid incluso pensaba en entrar en la extracción del petróleo recién descubierto en el país (y que de momento no está respondiendo a las expectativas).

Mauritania era, en definitiva, un país prioritario en el Plan África de desarrollo en inversiones para el Gobierno español, pero sobre todo la pieza clave en la estrategia de lucha contra la inmigración ilegal a Canarias.

La condena inmediata de la Comisión Europea hace presagiar que todo esto podría quedar congelado, lo que supondría el derrumbe de una larga y paciente diplomacia construida a lo largo de cinco años.

En todo caso, lo que sí parece improbable es que el ya ex presidente Abdallahi pueda cumplir la promesa que le hizo al Rey de volver a Mallorca dentro de dos años.