La presidenta argentina acepta la renuncia del jefe de gabinete, la cara visible del enfrentamiento con el campo

Agustín Bottinelli

INTERNACIONAL

24 jul 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

El jefe de gabinete (jefe de ministros) de la presidenta argentina, principal negociador en la crisis con el campo y uno de los pilares del kirchnerismo, Alberto Fernández, renunció ayer a su cargo.

La situación provocada por los enfrentamientos entre el Ejecutivo y el sector agropecuario, más la derrota parlamentaria sufrida la semana pasada cuando el Senado le negó al Gobierno la posibilidad de convertir en ley los impuestos a las exportaciones de granos, habían agitado las versiones sobre un inminente cambio de ministros para superar la peor crisis desde que los Kirchner administran Argentina.

La salida del jefe de gabinete es la segunda renuncia de importancia en el Gobierno. Ayer se oficializó el nombramiento del ex titular del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, Carlos Alberto Cheppi, como secretario de Agricultura, en sustitución de Javier de Urquiza.

A escasas dos horas de haber recibido y aceptado la renuncia de Alberto Fernández, Cristina Fernández convocó a la residencia presidencial a Sergio Massa, alcalde de Tigre y ex titular de la Administración Nacional de la Seguridad Social, a la que accedió en el 2002 con el entonces presidente Eduardo Duhalde.

El sustituto

En una reunión que duró cuarenta minutos con el matrimonio Kirchner, Massa escuchó y aceptó el ofrecimiento para reemplazar a Fernández. «Me gustaría que fuera la presidenta quien haga el anuncio, pero efectivamente estoy muy orgulloso por la oferta», llegó a decir cuando se retiraba de la residencia presidencial.

Massa es la nueva esperanza gubernamental para reordenar una gestión que encontró demasiadas complicaciones en sus primeros siete meses. Es el más joven de los dirigentes y alguien que es muy bien visto incluso por la oposición.

Alberto Fernández cumplió la función de jefe de gabinete durante cinco años y dos meses. Fue el gran negociador del Gobierno y uno de los más grandes responsables de los logros y fracasos del kirchnerismo.

El martes por la tarde, aquejado de una fuerte gripe que lo mantiene en cama desde hace cinco días, Alberto Fernández decidió que él debía ser el primero en irse «para dejar a la presidenta en paz y en libertad para que pueda hacer la renovación necesaria de su equipo», según comunicó a sus colaboradores.

Ahora, los argentinos esperan más cambios, en especial el del secretario de Comercio, Guillermo Moreno, el brazo ejecutor de la política de precios que impulsa Néstor Kirchner, un hombre de modales groseros que intervino el Instituto Nacional de Estadísticas y Censo para controlar el índice oficial de la inflación, en el que ya nadie cree.