Pedir perdón, un gesto difícil

EFE

INTERNACIONAL

Pedir perdón es un gesto difícil para los Estados, a tenor del largo y arduo camino recorrido por las víctimas de genocidios, atrocidades y abusos para conseguir una reparación moral por la que muchos siguen todavía luchando.

12 feb 2008 . Actualizado a las 14:17 h.

El Gobierno australiano pedirá mañana perdón a los aborígenes, tras las reiteradas negativas de anteriores Ejecutivos a disculparse con las víctimas de la «generación robada» o los más de 100.000 niños separados de sus familias entre 1900 y 1970.

Los niños fueron entregados a instituciones religiosas y familias blancas para ser «civilizados», algo similar a lo que les pasó a los indígenas en Canadá, «educados» en internados de órdenes religiosas y que, como los australianos, sufrieron todo tipo de abusos. Canadá pidió excusas en 1998 por el papel del Estado en la creación y mantenimiento de ese sistema durante más de 80 años.

También en 1998, el Congreso de EE.UU. aprobó una ley para disculparse por la reclusión de sus ciudadanos de origen japonés durante la II Guerra Mundial y compensó a los supervivientes.

EEUU, sin embargo, nunca ha pedido perdón a sus indios nativos por las atrocidades cometidas contra ellos en el pasado, como tampoco lo ha hecho por 246 años de esclavitud de los negros.

El Estado de Virginia sí lo hizo en 2007, y otros estados, como Alabama, Maryland y Carolina del Norte, siguieron después sus pasos.

Los dos últimos presidentes de EEUU, Bill Clinton y George W.

Bush, declinaron disculparse formalmente en sendos viajes a África, quizá por temor a abrir la puerta de las indemnizaciones para los millones de descendientes de esclavos.

Clinton sí se excusó en 1997 por usar como cobayas humanas, a partir de 1932 y durante 40 años, a 400 hombres negros para estudiar la sífilis en el llamado «experimento Tuskegee».

La población negra de Sudáfrica, que supone el 75 por ciento del país, recibió una disculpa en 1993 de boca de su entonces presidente, el blanco Frederik de Klerk, que pidió perdón por el «apartheid», una de las peores segregaciones raciales de la Historia.

Otra tragedia de la Humanidad, el Holocausto judío, ha dejado gestos muy simbólicos como los que protagonizaron dos alemanes: en 1970 Willy Brandt, primer canciller socialdemócrata, se arrodilló en Auschwitz para pedir perdón por las atrocidades nazis y en 2000 el presidente Johannes Rau habló en alemán por primera vez en el Parlamento israelí para excusarse por la responsabilidad alemana en la muerte de 6 millones de judíos.

También fue capaz de pedir perdón otro presidente alemán, Roman Herzog, que se excusó por el bombardeo de Guernica en 1997, en el 60 aniversario del ataque aéreo más recordado de Guerra Civil española, un gesto que EEUU niega aún a las víctimas de los peores bombardeos de la Historia, los atómicos de Hiroshima y Nagasaki en 1945.

La Iglesia Católica también ha dado pasos simbólicos, como la visita, en 2000, de Juan Pablo II al Muro de las Lamentaciones, en Jerusalén, entre cuyas piedras introdujo una carta de disculpa por los pecados de la Iglesia con los judíos. Unos días antes, el Papa se había excusado por los errores de la Iglesia durante siglos.

Muchos, sin embargo, lo consideran insuficiente y esperan que la Santa Sede sea capaz de concretar sus disculpas, lo que en algunos casos sí han hecho las Iglesias locales.

Igual de polémicas resultan otras disculpas genéricas que no siempre satisfacen a quienes sufrieron abusos. Ese es el caso de Japón y su actuación durante la II Guerra Mundial, ya que ni China ni Corea consideran que las ofrecidas por Tokio han sido sinceras.

La masacre de Nankín, la capital china entre diciembre de 1937 y febrero de 1938, donde entre 40.000 y 300.000 personas fueron asesinadas por las tropas niponas o el caso de las mujeres asiáticas forzadas a ser esclavas sexuales para el Ejército japonés son algunos de los puntos de fricción.

En otros países, como Argentina, algunos Gobiernos han tenido menos reparos en afrontar el pasado: en 2004 el presidente Néstor Kirchner pidió perdón en nombre del Estado por las atrocidades de la dictadura (1976-1983) y en 2006 se disculpó con Honduras por el papel de los militares argentinos en el régimen de ese país.

Tras 50 años de culpar a los nazis, en 1990 la Unión Soviética reconoció su responsabilidad en la matanza de 15.000 oficiales polacos en Katin, mientras que los familiares de los 268 indígenas guatemaltecos masacrados en 1982 esperaron 23 años para que el Estado, azuzado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, les pidiese perdón.

Casi cien años después del considerado primer Holocausto del siglo XX, los armenios siguen aguardando una disculpa por el millón y medio de asesinados por el Imperio Otomano entre 1915 y 1923 en un genocidio que Turquía, la heredera de ese imperio, no reconoce.