Islandia celebra elecciones legislativas tras una campaña centrada en el medio ambiente

Francis Kohn REIKIAVIK

INTERNACIONAL

Islandia, un país próspero y seguro de sí mismo, debe renovar hoy su Parlamento en las elecciones más reñidas de los últimos años. El Partido de la Independencia (PI, centroderecha), que gobierna actualmente con la ayuda del Partido del Progreso (PP), parte como gran favorito de las legislativas, gracias ante todo a su buen balance económico en este pequeño país de apenas 300.000 habitantes. El Parlamento, el Althing, que se remonta al siglo X y es por lo tanto el más antiguo del mundo, está compuesto por 63 diputados, elegidos de manera proporcional. Con la dispersión de votos ningún partido podría lograr en solitario la mayoría absoluta y formar sin coaliciones el Gobierno, que en la isla maneja las riendas reales del poder ejecutivo. Frente al equipo actual, que parece un poco desgastado por el poder, la oposición de izquierda está dominada por la Alianza (socialdemócratas), que tiene la particularidad de ser el único gran partido que aboga abiertamente por la adhesión a la Unión Europea, un tema ausente de esta campaña. Según los últimos sondeos, el PI obtendría más de un 35% de los votos y la Alianza, alrededor del 25%. En cuanto al partido de extrema izquierda ecológica (izquierda-verdes), que meses atrás iba viento en popa, ha decaído un poco, pero sigue recabando un 15% de intenciones de voto, que de confirmarse supondría una fuerte progresión. El líder de la izquierda-verdes, Steingrimur Sigfusson, ha conseguido protagonizar la campaña con su oposición a la expansión de las fundiciones de aluminio, y, en particular, al inmenso embalse hidroeléctrico de Karahnjukar, en los magníficos paisajes glaciares del este de la isla. La represa, ya terminada y que ha costado más de 2.200 millones de dólares, tiene por finalidad suministrar energía a factorías de la firma norteamericana Alcoa. Fábricas de aluminio «El pueblo quiere privilegiar la naturaleza, el bienestar social y la igualdad», declaró Sigfusson. El debate dividió a los islandeses y el Gobierno destacó las consecuencias positivas de las fábricas de aluminio (más de 326.000 toneladas producidas en el 2006) para la economía y el empleo. Este balance de la prosperidad económica ha sido el argumento básico de la campaña del PI. Islandia vive una situación casi de pleno empleo (el índice de paro se situó en el 2,4% en el 2006) y, después de unos años de fuerte crecimiento (un 7,2% en el 2005), la economía ha bajado de ritmo sin sobresaltos hasta un 2,6% el año pasado.