El pasado penal del comisario Barrot agría el debut de la Comisión Barroso

La Voz D. S. | CORRESPONSAL BRUSELAS

INTERNACIONAL

Los liberales piden abiertamente la dimisión del máximo responsable de Transportes El francés ocultó que fue condenado a una pena de prisión, aunque luego fue amnistiado

22 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Al portugués Jose Manuel Durão Barroso no le tocaron ayer precisamente la novena de Beethoven, el himno de Europa, para celebrar el estreno de su equipo de gobierno. El ambiente que rodeó al debut de la nueva Comisión Europea no pudo estar más emponzoñado, debido a la tormenta política desatada contra el comisario francés Jacques Barrot, encargado de Transportes, por haber ocultado una pena de prisión de la que fue amnistiado. Mientras Barroso se limitó a «lamentar» lo ocurrido, grupos como el liberal exigen la dimisión del que también es uno de los vicepresidentes de Ejecutivo comunitario. Desde que el euroescéptico británico Nigel Farage recordó ante la Eurocámara el pasado penal de Barrot, éste sabe que ha sido tocado en plena línea de flotación. Pero se necesita mucha artillería para hundir a un comisario que lleva ya cinco meses en Bruselas, que goza del aval de Francia y del respaldo tácito de los grandes grupos político del Parlamento. El affaire Barrot de la discordia se trata de un asunto de financiación ilegal del CDS, un partido de centro ya desaparecido, por el que el comisario de Transportes fue condenado en el año 2000 a ocho meses de prisión e inhabilitación especial. Nunca cumplió la pena, pues fue amnistiado por el presidente Jacques Chirac en virtud de una ley especial aprobada cinco años atrás. Esta ley, inédita en la mayoría de los países del entorno, prevé un lavado total de la imagen del encausado, hasta el punto de que su historial judicial queda tan limpio que el asunto ni siquiera puede ser citado en los medios informativos. Sólo vale en Francia Para Barrot, sin embargo, la ley tiene el inconveniente de que sólo es válida en Francia. Pero no en Bruselas. Este nuevo escándalo centró la agenda del fin de semana, motivando varias conversaciones entre Barroso y el presidente de la Eurocámara, Josep Borrell, pues el máximo responsable de la Comisión se había comprometido día atrás a pedir la dimisión de un comisario si es reclamada por la mayoría de los eurodiputados. Por lo de pronto, los jefes de los grupos políticos se reunirán el próximo jueves para analizar la situación, si bien un portavoz parlamentario predijo que «no habrá caso Barrot» o, lo que es lo mismo, el apadrinado por el presidente Jacques Chirac se queda en su puesto. Barroso intentó rebajar el debate pidiéndole explicaciones por escrito a su vicepresidente. Éste lamentó lo ocurrido y detalla en su carta que «no ha habido por mi parte, ni por parte de las autoridades francesas, una voluntad de disimular los hechos o las condenas amnistiadas que eran conocidas». Aun así, al británico Graham Watson, portavoz de los liberales, con 88 de los 732 escaños de la Eurocámara, no le bastaron estas disculpas y pidió abiertamente la dimisión, argumentando que «el crimen de Buttiglione era su opinión, pero el crimen de Barrot es real». Entretanto, los grupos socialista y popular, que suman 468 escaños, presencian con cautela este nuevo chaparrón político, decididos a abrigar a Barrot en caso de que no escampe.