Terrorismo de imitación

INTERNACIONAL

GEORGE ESIRI

Análisis | La peligrosa globalización de los métodos de lucha La resistencia iraquí comienza a convertirse en un verdadero modelo para grupos armados que participan en otros conflictos, como los de Haití y Argelia

16 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Mientras el presidente George W. Bush y el aspirante John Kerry discutían sobre los efectos de la guerra de Irak en el tercer y último round de sus debates electorales, uno de esos efectos se mostraba en toda su crudeza en la cercana isla de Haití. Ese día, tres policías eran decapitados por uno de los grupos armados que intentan restablecer en el poder al depuesto presidente Jean-Bertrand Aristide. Los asesinos denominaron «Operación Bagdad» a esta ejecución para dejar claro el paralelismo. Al mismo tiempo, en otro punto del Planeta, en Nigeria, los milicianos del jefe rebelde Muyahid Dokubo Asari continuaban asediando Port Harcourt, la capital petrolera del país, y el propio Muyahid advertía de que si el Gobierno no atendía a sus exigencias de mayor autonomía para la región del delta del Níger (donde reside el petróleo, pero no el poder político) podría volar alguna refinería y provocar un caos en el comercio mundial de crudo. Muyahid, que lleva varias semanas haciendo comparaciones entre su lucha y la del pueblo iraquí, jugaba así con los miedos de los países occidentales al adoptar la misma pose que estos atribuyen a Al Qaida. Obviamente, tanto la lucha de los partidarios del derrocado presidente Aristide en Haití como la de los matones de Muyahid Dokubo Asari tienen poco que ver con la resistencia iraquí o el terrorismo islamista, pero estos comportamientos imitativos nos dicen al menos una cosa importante: que las tácticas de éstos son percibidas como eficaces por muchos grupos de oposición en todo el mundo, que las ven cada día en la televisión. Objetivamente, esas tácticas han logrado hacer imposibles los planes de Estados Unidos para Irak y, sobre todo, han conseguido dar a sus autores una proyección mediática sin precedentes. Ejemplo extremo El caso más extremo quizá sea el de un candidato a unas elecciones municipales del área de Los Ángeles que hace unos meses fingió su secuestro y decapitación para atraer la atención de la prensa. Aunque su estratagema no le valió un asiento de concejal, revela hasta qué punto las imágenes que llegan de Irak han logrado penetrar en la psique de los norteamericanos también. En definitiva, cabe pensar que el carácter «ejemplarizante» que George W. Bush ha querido y sigue queriendo darle a la guerra y ocupación de Irak está, pues, funcionando, pero no en el sentido en el que él hubiese deseado: son, desgraciadamente, los resistentes y Al Qaida (o lo que se quiera englobar en ese término un tanto vago) quienes podrían estarse convirtiendo en un ejemplo en todo el mundo.