La pobreza y el conflicto étnico restan importancia a los votos en la ex Yugoslavia. La democracia se atasca en los Balcanes
18 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Esta vez no fue Kosovo el lastre electoral. La conflictiva provincia serbia cumplió con su tradicional abstención mayoritaria, pero a ella se sumaron las otras dos divisiones territoriales: Vojvodina y la zona centro. Ninguna se acercó siquiera al 50% que pide la ley para dar validez a las presidenciales. Es la tercera vez desde otoño del 2002, pero lo de pasar de las urnas le viene de lejos a un país con una guerra sin cicatrizar. Un presidente sin poder Las escasas atribuciones que tiene el cargo en disputa es uno de los motivos de la abstención. El sustituto de Milutinovic (ahora en La Haya para responder de crímenes contra la Humanidad) sólo tendría un poder representativo y no ejecutivo, con lo que su capacidad de decisión está muy mermada. Además, hay que contar con la existencia de un presidente de la comunidad estatal que Serbia forma con Montenegro y que coexiste con el que debería haberse elegido este domingo y con el que desde mayo controla los intereses del Estado montenegrino (Filip Vujanovic). Kosovo, tema aparte Kosovo fue la provincia (el estatus de esta zona ha sufrido varios cambios en la última década) que más abstención registró (sólo votó un 29,4%, frente al 38,6% de la media estatal). Este dato no es ninguna novedad. En el territorio aún pervive el conflicto étnico y son muchos los que no reconocen la autoridad de Belgrado y apuestan por su propio Gobierno. La mayoría de los que aquí votaron son, con toda probabilidad, filoserbios, por lo que no es extraño que la extrema derecha recibiera en Kosovo el mayor respaldo (un 76,4% de los votos). Ascenso radical Pero no fue la zona fronteriza con Albania la única en la que el nacionalismo radical de Tomislav Nikolic se hizo con el triunfo. Esta opción ganó en casi todo el Estado, a excepción de Belgrado (que dio sus confianza al viejo profesor aperturista Dragoljub Micunovic). La radicalización, que no quedó plasmada en el ascenso al cargo del candidato del Partido Radical Serbio precisamente porque los votantes no llegaron al 50%, preocupa mucho a la comunidad internacional. Las tesis de Nikolic son las mismas de Vojislav Seselj, quien lideraba la formación hasta que se entregó al Tribunal de La Haya, que lo acusa de crímenes contra la Humanidad. Nadie descarta que su liderazgo preludie un nuevo conflicto armado. Caso por resolver Tres decepciones consecutivas dejan claro que es necesario un cambio. Los precedentes también lo avalan: tampoco hubo mitad más uno en los polémicos comicios del 2000, cuando Kostunica derrotó a Milosevic. El escaso interés que despiertan las elecciones en Serbia (en esta última ocasión agravado por el boicot de algunos partidos) ha llevado a varios organismos internacionales a sugerir la reforma de la ley electoral. La modificación de las reglas funcionó en mayo en Montenegro, que sólo así pudo elegir presidente, a la tercera. Una región estancada La guerra y el embargo han hundido a Serbia, que debe afrontar varios reveses, aparte del democrático, para entrar en la UE. La economía atraviesa una situación catastrófica (con una renta per cápita al nivel de Irak); la red de comunicación estatal es muy similar a la de su vecina Rumanía; y mientras Montenegro ha sabido explotar el recurso de su salida al mar para, al menos, atraer algo de turismo, Serbia sigue siendo un lugar maldito para los extranjeros. También para la democracia.