El pánico y el horror son el denominador común de los testimonios de los gallegos que sobrevivieron al atentado del World Trade Center En Nueva York están censados más de 5.000 gallegos, pero allí viven cerca de 15.000 personas procedentes de la comunidad. Muchos trabajaban en el World Trade Center, en cuyos sótanos se ubicaba además un bar regentado por un gallego.
13 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.A falta de cifras oficiales, los relatos de los supervivientes son tan estremecedores que hacen pensar que quienes se encontraban en las Torres Gemelas o en sus inmediaciones en el momento del atentado y pudieron salvar sus vidas son unos pocos afortunados. El pánico y el horror son el denominador común de las narraciones de los gallegos que vivieron la mayor barbarie terrorista. José Salgado, broker del banco First Union, nació hace 39 años en Ramirás, Ourense. Hace cuatro meses que su empresa se trasladó a las Torres Gemelas. Su relato es estremecedor: «Estaba en el piso 47 de la torre norte. De repente, el edificio se movió y vi caer trozos de avión. El humo y el queroseno apenas dejaban respirar. Vi a gente sin brazos, sin piernas, y a algunos tirándose por las ventanas. De repente, un nuevo temblor: creí que otro avión había impactado en el edificio, pero luego supe que había sido en el de a lado. Llegué abajo, salí y, poco después, mi edificio desapareció». «Un hombre se tiró desde el piso noventa». Manuel Carrera es electricista y tiene 28 años. Sus padres son de Vigo. Trabaja desde hace medio año en las Torres Gemelas. «Estaba en el piso 57 de la torre sur, colocando unos alambres. Vimos como empezaban a volar cosas de la otra torre. Cogimos el ascensor, que se paró en el piso 40 debido al impacto del otro avión. Vi como alguien se tiraba desde el piso 90. Después de llegar abajo, cayó la torre sur». «El martes iba a ir a bailar a las Torres». Carmen Payá, coruñesa de 27 años, es becaria en la Cámara de Comercio de A Coruña en la Oficina Comercial de España en Nueva York. Trabaja en el edificio Chrysler, a cuatro kilómetros de la zona del suceso. «Vivo a dos kilómetros de las Torres. Al salir de casa, vi que todo el mundo miraba hacia arriba. Estaba ardiendo una torre. Fui al trabajo, y, de camino, hice fotos. Me salvé, pero me asusta pensar que hoy (por ayer) iba a ir a bailar con unas amigas a la discoteca de la planta 107 de la torre sur». «Varios compañeros siguen desaparecidos». Reeve Andrés, hijo de vigués y norteamericana, trabaja en una consultoría a escasos veinte metros de las Torres. Salvó su vida porque llegó quince minutos tarde al trabajo: «Si hubiera estado allí un momento antes, el desplome me habría pillado de lleno. Varios compañeros siguen desaparecidos». Salvado por anular una cita. También tuvo suerte Luis Álvarez Porteiro, de Berdillo, en Carballo, quien vive en Nueya York desde hace más de una década, y que a la hora del atentado tenía previsto asistir a una cata de vinos en las Torres. Un día antes, según relató ayer su hermana, decidió anularla. Sin más. Eso le salvó la vida.