La ley del péndulo


Mal momento deben estar pasando algunos de los que creen en la inexorabilidad de los ciclos de la historia. Otros estarán contentos, esperando que pronto ha de cumplirse en España, una etapa, de signo progresista, y que es inminente el comienzo de un largo periodo dominado por las ideas reaccionarias.

Acaba de conmemorarse el medio centenario del 14 de abril de 1931. Se ha evocado la forma de instaurarse la II República. Sin embargo, poco se ha insistido en que aquél fue un régimen político de vida brevísima, más corta que la fase de posfranquismo en que nos hallamos.

Cinco años de democracia son demasiado en la historia de España. El profesor Jorge de Esteban ha confeccionado un cuadro de nuestro proceso constitucional en que resulta claro que los textos progresistas estuvieron vigentes durante 23 años, mientras que las constituciones cerradas al avance de los tiempos rigieron a lo largo de 111 años. A un momento de renovación y cambio sucede otro de conservadurismo a ultranza. Viene ocurriendo asÍ desde el lejano 1812.

He aquí las fechas más significativas; 1812 (progresista), 1834 (conservadora), 1837 (progresistas), 1845 (conservadora), 1869 (progresista), 1876 (conservadora), 1931 (progresista), 1939 (conservadora). Parece como si la ley del péndulo indicase que en el futuro nos está aguardando el renacimiento de otro tiempo -más largo, como siempre sucedió- en el que queden sin efecto las reformas de la presente breve etapa posfranquista.

Entre dos polos

Yo no creo de forma rotunda en estas leyes que pretenden regir la historia, pero respeto a los autores de las fórmulas. En Francia, por ejemplo, un profesor tan eminente como Maurice Hauriou, el famosísimo decano de Toulouse, aseguraba que en su país se oscilaba desde 1789 entre dos polos políticos: el régimen revolucionario de corte convencional y el autoritario, bajo la forma de directorio, consulado, imperio y presidencialismo. Cansados los franceses de una solución y otra, iban a reposar en un régimen mixto (parlamentario) que luego degeneraba en el extremismo revolucionario y comenzaba de nuevo el ciclo.

El proceso completo, pues, era el siguiente: del gobierno revolucionario se pasaba al autoritario y de éste al régimen parlamentario. Roto el equilibrio parlamentario, otra vez aparecía el sistema revolucionario.

Aparentemente, esa ley de los ciclos vale para interpretar la marcha de Francia. El primero se remató en 1848 y el segundo estaba cerrándose cuando Hauriou muere en 1929. Lo nuestro ha sido más simple, pues aquí el equilibrio ha brillado siempre, o casi siempre, por su ausencia. Una ley del péndulo nos lleva del autoritarismo a las revoluciones y seudorrevoluciones. Y ¡ay de aquellos que deseen ver los dos lados de las cosas!

No valdría la pena ahora detenerse en estas normas de la historia si no estuviésemos agotando el tiempo normal que se ha concedido en anteriores ocasiones a los regímenes renovadores. La conmemoración del 14 de abril ha sido el revulsivo que nos advierte que cinco años de democracia acaso sean demasiado para los españoles.

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