La próxima generación de médicos se examina en Santiago: «Somos muchos y todo el mundo quiere ser el mejor»
GALICIA
Casi 2.000 personas realizan en la capital gallega las pruebas de formación sanitaria especializada: «Llegar aquí es el culmen, la guinda del pastel»
24 ene 2026 . Actualizado a las 16:19 h.«Mesas 512 y 514. ¡Solo mesas 512 y 514!». Una mujer grita desde la puerta de la Facultade de Ciencias Políticas de la USC. El murmullo de cientos de personas se apaga al instante y algunos comienzan a abrazarse antes de despedirse. Una veinteañera empieza a caminar antes de girarse. «Vamos al matadero», le dice a una amiga. «Reza por mí», le pide con una sonrisa radiante. 1.930 personas realizan este sábado las pruebas de formación sanitaria especializada, que movilizan en todo el país a 35.503 aspirantes. Tendrán que repartirse 12.366 plazas de Medicina, Enfermería, Química, Farmacia, Física, Biología y Psicología. 682 serán en Galicia, la cifra más alta de la historia. En sus caras pueden verse los nervios y las noches sin dormir, pero también la ilusión y el vértigo de quien cierra una etapa antes llegar al mal llamado mundo real.
«Este es el sueño de una vida. Lo llevas deseando desde el instituto, desde la selectividad y desde la carrera. Llegar aquí es el culmen, la guinda del pastel», confiesa Carmen Membrives, de Vilagarcía. Está acompañada de Ana Hernández, de A Coruña. Se conocieron el primer día de clase de Medicina. Compartieron un café y desde aquel momento siguen juntas. «Estamos nerviosas, por la incertidumbre. Nos jugamos mucho, pero a la vez estamos contentas. Lo hemos dado todo», confirma Hernández, que lleva unos 18 meses estudiando: «Tu plaza se decide por lo que tú hagas, pero también por lo que hagan los demás. Eso siempre asusta». A las dos les gustaría quedarse en Galicia, a ser posible en el CHUS o en el Chuac. «Prefiero pediatría», confirma Membrives, mientras que la coruñesa apuesta más por el «quirófano. Prefiero ginecología, neurología o cirugía». «Somos la antítesis, por eso nos llevamos tan bien», confirma la arousana desde la escalinata de la Facultade de Dereito.
A un paso se encuentran las hermanas Andrea y Albani Quintero. Llegaron en el 2024 a España desde Colombia para presentarse al mir. El primer año no se lo permitieron, pero hoy sí tendrán la posibilidad de completar las 200 preguntas, más 10 de reserva, que determinarán su destino para los próximos cuatro o cinco años. Ambas quieren mudarse a Barcelona. Andrea apuesta por otorrinolaringología, mientras que Albani prefiere urología. «Llevamos 26 meses estudiando», afirma Andrea, que confiesa que «las últimas semanas he descansado, solo he realizado simulacros de exámenes. Me lo he tomado con calma, priorizando mi salud mental».
Son las 13.10 horas y los funcionarios comienzan a llamar a las 800 personas que se examinarán en Dereito. «Solo aspirantes. Solo aspirantes», grita un hombre que señala un listado en el que aparecen todos los nombres, con las aulas a las que deben dirigirse. «Está todo perfectamente señalizado», explica mientras trata de evitar que los familiares accedan al interior del edificio. Algunos se quedan en la cristalera exterior, donde emulan esas típicas escenas de aeropuerto en las que dos enamorados tocan con los dedos el vidrio mientras lanzan mensajes que el otro jamás escuchará. «Te quiero», le espeta una madre a un joven que se escabulle entre la multitud tras un beso en la mejilla. En cada esquina aparecen padres y madres, algunos con los ojos vidriosos, bastante más emocionados que sus hijos, orgullosos de que sus herederos pronto serán respetados médicos.
Las enfermeras Conchi Sande, Marta Abeijón y Elba Pérez también se examinan en Santiago. «Intentamos estar calmadas, pero en realidad tenemos bastantes nervios. Han sido muchos meses estudiando, con poca vida social. Nos lo jugamos todo a un examen», confirma Sande, que admite que repetirá el examen las veces que sean necesarias hasta que pueda especializarse en pediatría. «Si me sale mal, volveré el próximo año», afirma. Abeijón asiente con la cabeza: «Yo también. Yo también». «Somos muchos, y todo el mundo quiere ser el mejor», afirma Membrives antes de colarse en el interior de la Facultade de Dereito. Por delante le esperan cuatro horas y media de examen. Su futuro está en esas 200 preguntas, más 10 de reserva. La exigente, estresante e ilusionante moneda ya ha sido lanzada al aire.