La Voz acompañó ayer a una cuadrilla de Carballo que dedicó toda la jornada a la busca de jabalíes, pero que se saldó sin capturas
19 oct 2025 . Actualizado a las 16:45 h.Aún no había salido el sol y un grupo de once cazadores se reunían en torno a la mesa de una antigua escuela unitaria de O Añón de Berdillo, en Carballo, para planificar su jornada de salida al monte en busca de jabalíes, una más de las centenares de batidas que se llevaron a cabo ayer en Galicia, como cada semana. Carballo está dentro de la zona de emergencia cinegética que, una vez más, permite durante un tiempo evitar las normas habituales de días, cupos y otros requisitos, pero no suele usarse por las agrupaciones de cada tecor (nombre que se da al antiguo coto): prefieren mantener su tradición de salir los sábados desde que se abrió el período de caza, el 16 de agosto, y hasta el 22 de febrero. Si a veces casi no logran juntar hombres (lo son la inmensa mayoría, aunque en la Costa da Morte, y en otras áreas, las mujeres se van abriendo paso) paras las batidas convencionales, mucho menos para el resto de semana, porque hace falta tiempo y dinero.
Eso sí, el día de salida se dedica entero. «Ir de caza é como unha adicción, algo tremendo», explica Pedro Bello Pombo, el jefe de la cuadrilla de Bergantiños Norte (31 miembros), una de las dos que se reparten una mancha de esta sección (hay una tercera) del tecor Venatoria de Bergantiños, entidad centenaria, con veinte mil hectáreas en varios municipios.
Entre algunos papeles, cafés, el conocimiento del terreno y del oficio, los cazadores se reparten áreas para, con sus perros, buscar los rastros de los jabalíes entre los montes. En esa tarea pasa, cada uno, casi seis horas. Cuenta Arturo, que se ha encargado de la zona de A Cepeira, en Sísamo, que eso es lo que más le gusta de salir a cazar, acompañado de su grifón azul de gascuña. Cerca de él indaga Álvaro, el más joven del grupo ayer (hay otro componente de 21 años que no estaba), también con uno de sus perros. Curioso su caso: es socio del tecor y tiene licencia de caza, pero no de armas, sale con los demás, con una vara como único elemento, porque disfruta con la práctica y con los compañeros.
A la hora de la rápida comida, cada uno cuenta sus resultados y, en función de eso, deciden ir a una parte o a otra. Y en eso se les irá toda la tarde, con procedimientos de control y seguridad muy estrictos. Y con más cazadores en el grupo: se juntaron 21.
La primera zona de batida, cerca de la carretera de Razo, fue infructuosa, y eso que había indicios de jabalíes y la perimetraron al completo, con los perros empujando a esos posibles objetivos. Chalecos de color naranja, comunicaciones por radio, escopetas con bala, escuchas, paciencia... Como no aparecía ningún animal, pues a otra zona y a ver qué pasa. Así fue ayer, así es siempre. Y, tras intentarlo en montes de Sísamo, tampoco hubo suerte para los cazadores. A ver la semana que viene.
En ese momento inicial de la mañana, aún con mucha oscuridad, los cazadores hablan del oficio, de esa adicción, que relataría también por la tarde, en medio de un campo, Evaristo Suárez, que lleva casi sesenta años empuñando la escopeta. En torno a la mesa, hacen recuento de las piezas abatidas esta temporada: siete. El año pasado, entre esta cuadrilla y la hermana, cazaron 80 jabalíes. Ahora hay muchos menos, porque los resultados han sido muy altos. «Ata a pandemia colliamos dez ou quince, despois disparouse, agora volve haber poucos», relata Pedro. Eso no hace que su pasión decaiga. Algún día pueden llegar a moverse hasta veinte kilómetros si hace falta. A veces, algún perro sale herido en los enfrentamientos con los jabalíes, y hay que acudir de inmediato al veterinario, costes que en el caso de esta cuadrilla son solidarios. Rechazan los comentarios que les atribuyen sobre el abandono de perros. «O paisano que é cazador nunca abandona o seu can. Pero ademais teñen GPS, microchip...», cuenta Martín.
Hoy domingo, aprovechando el inicio de la caza menor, muchos de los integrantes de la batida de ayer, y de otras, saldrán en busca de conejos, liebres o perdices.