Desde las antípodas

¿Cataluña por Galicia?  ¿Estarían de acuerdo los gallegos con esa mudanza que tiene la ventaja de ver a Messi y ser vecinos de Francia, y el inconveniente de soportar el procés?


Cuando apareció aquella fantasía cartográfica hubo varias hipótesis. Que si era un mapa comprado en los chinos en el que un artesano de la República Popular había reflejado su ignorancia sobre la península Ibérica. Que si un vestigio inédito de Domingo Fontán, primer cartógrafo galaico, que así demostraba su humorismo ilustrado. Que si se trataba de una artimaña más de los rusos para desestabilizar occidente envenenando incluso los mapas. El caso es que el hallazgo se produjo en un pub de Santiago hace un par de años. Un cliente sobrio se percató de que en aquel atlas Galicia había emigrado al nordeste, y Cataluña, al noroeste, de manera que los gallegos podían cantar con Serrat que habían nacido en el Mediterráneo, y los catalanes cambiar sardana por muiñeira.

Finalmente, las conjeturas quedaron en nada. Ni chinos, ni rusos ni cartógrafos eminentes del pasado, sino un artista que solo quería gastar una broma haciendo una especie de travestismo de autonomías. ¿Pero hubieran estado de acuerdo los gallegos con realizar esa mudanza que tenía la ventaja de ver a Messi y ser vecinos de Francia, y el inconveniente de soportar el procés? Sondaxe no hizo ninguna averiguación al respecto, si bien las urnas responderían poco después con un estruendoso no. Nadie sabrá cuánto pesó en la voluntad popular el deseo de alejarse de cualquier contagio del virus político nacido en el Wuhan independentista. Lo cierto es que los gallegos decidieron ser distintos y distantes, e hicieron caso de aquella maldición -por cierto china- que le espeta al enemigo que ojalá viva en tiempos interesantes. Como los de Cataluña y los de la España a la que la pareja de dobles Putin-Iglesias tumba en el diván para saber si es o no una democracia fetén.

Total, que hablando en términos políticos, Galicia ya no está en el vértice opuesto del Estado español, sino que viene a ser con respecto a Cataluña como Nueva Zelanda. Desde estas antípodas sus vísperas electorales se ven con inevitable desapego. No es casual que los típico apoyos a los compañeros de partido o ideología que están allá en campaña hayan sido tan discretos, quizá porque aquello se tiene como un foco de contagio del que hay que alejarse. Aunque no se diga por delicadeza, en relación con ciertos políticos catalanes todos piensan lo mismo que Obélix de los romanos: que desvarían.

En la vigilia del día D nos envuelve una sensación de perplejidad parecida a la que se tenía el 2 de noviembre pasado cuando las encuestas auguraban una reñida pugna en las presidenciales americanas. ¿Cómo era posible que Trump mantuviera incólumes sus apoyos? ¿Cómo es posible que los autores del caos acaricien la victoria o el empate? Será que no vemos la cara oculta de USA ni la de Cataluña. Es lo que tiene vivir en las antípodas.

As vosas vaguedades

En el auto que exonera a Besteiro y Orozco hay un eco rumoroso. Aseguramos al entonar el himno que «as vosas vaguedades cumprido fin terán», y las vaguedades judiciales que castigaron a ambos tuvieron también su final aunque fuese tardío. Solo se trataba, reprochan los jueces, de «meras sospechas que no alcanzan el carácter de indicios». En el País Vasco otros jueces sospechan que el cierre de los bares no es eficaz sin aportar otro indicio que su parecer. No lo hacen desprovistos de puñetas y con el mismo derecho a opinar que un profano, sino como magistrados capaces de revocar la orden de un Gobierno. O sea que al kafkiano laberinto administrativo propio de un estado de alarma parcelado, se une la brumosa frontera entre ejecutivo y judicial, porque la cuestión no es si el cierre es eficaz, sino si encaja en el marco legal. La eficacia de la medida, para la que no hay un cálculo objetivo, excede el marco de los tribunales y forma parte del debate social. De lo contrario casi todas las decisiones políticas estarían sub iudice.

Hermano lobo

Que no se equipare el indulto a los lobos que propone Transición Ecológica con la conducta benévola de San Francisco. Aquellos versados en el prodigio que hizo famoso al santo recordarán que solo se avino a perdonar al depredador una vez que este, mediante gestos mudos, se comprometió a no causar más daño. A cambio, el lobo de Gubbio fue considerado como un vecino más del pueblo y, siempre según la leyenda, murió en paz sin volver a las andadas. Comprenderá la ministra que los ganaderos gallegos no le otorguen dotes tan milagrosas. Indultar a los presos independentistas también tiene sus riesgos dado que no se han arrepentido, pero al menos no muerden ni atacan a las reses. Los lobos que merodean por las explotaciones, sí. Tras enojar al sector secundario de Galicia, la emprende con el primario mediante una transición ecológica que consiste en condenar a la industria e indultar al peor enemigo del ganado. ¿Por qué estos privilegios para el lobo? Ni que fuera okupa o sedicioso. Al final la feroz será Caperucita.

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