«Pase que okupen y trapicheen con droga, pero por la violación de la chica no pasamos»

Los vecinos de un edificio ocupado en A Coruña están atemorizados y no aguantan más

Varios vecinos protestaron el martes ante el edificio ocupado
Varios vecinos protestaron el martes ante el edificio ocupado

A Coruña / La Voz

Uno de los okupas de un edificio del barrio de Palavea, en A Coruña, donde la policía tuvo que intervenir el martes por un enfrentamiento con los vecinos, está en prisión tras ser detenido como presunto autor de la violación de una joven embarazada de 20 años que vivía en el inmueble. El suceso, que ocurrió en la tarde noche del 29 de abril, ha enrarecido aún más la convivencia en la zona, donde los vecinos aseguran que la situación se ha vuelto «insostenible» y reclaman la intervención de las autoridades.

«Pase que okupen los bloques y que trapicheen con droga, pero con la violación ya no podemos más, nos plantamos, por ahí no podemos pasar», subrayó una de las residentes en la zona, que prefiere no dar su nombre por temor a ser identificada por el grupo más agresivo de okupas y sufrir represalias. No es la primera vez que la amenazan.

Para los vecinos de Palavea, la agresión sexual ha venido a actuar como detonante de un conflicto que dura ya 13 años, cuando la inmobiliaria dejó sin rematar el inmueble y acabó siendo okupado. «La policía nos dice que no puede hacer nada, que sigamos denunciando, ya no sabemos qué hacer. No podemos tolerarlo, la situación empeoró desde lo de la chica porque llamamos a la policía y empezamos a hacerles el vacío», comenta la mujer, que acompañó a la víctima al hospital tras ser atacada.

Explicó que la joven agredida vivía con su pareja y con su agresor en uno de los bloques okupados. Su compañero salió a buscar comida y ella, que no quería quedarse sola con el individuo «porque hacía ya tiempo que la acosaba y le tenía pavor», aseguró ayer una de sus vecinas, decidió salir del piso. Pero el ahora detenido la siguió, la acorraló en el portal y la tiró contra las escaleras, donde, supuestamente, abusó de ella.

Los vecinos auxiliaron a la chica y dieron aviso a la Policía Nacional. Una ambulancia del 061 la trasladó al Hospital Teresa Herrera, donde fue atendida de «un desgarro vaginal y golpes por todo el cuerpo», resumió la mujer que decidió acompañarla hasta el centro sanitario «porque hasta con los policías a su lado estaba muerta de miedo».

Tras el reconocimiento, la joven, que está embarazada de gemelos, permaneció hospitalizada varios días «porque tenía riesgo de aborto» y cuando fue dada de alta regresó a recoger sus cosas al piso que okupaba, pero allí la estaba esperando su presunto violador. La chica se refugió en casa de unos vecinos, que volvieron a llamar a la policía. Los agentes, finalmente, detuvieron al supuesto agresor.

No era esa la primera vez en la que algunos de los okupas protagonizaban incidentes violentos. A mitad de marzo, uno de los asaltantes del edificio de Palavea la emprendió a golpes y patadas contra su compañera y arrojó sus enseres a la calle. Fueron, de nuevo, los vecinos los que salieron en su auxilio y alertaron a las fuerzas de seguridad y al 061. «Le dio una paliza brutal, tuvieron que llevarla al Chuac», relatan los residentes. Sin embargo, a los pocos días, la mujer regresó con su agresor. «La tiene amenazada», opinan los vecinos.

Los vecinos están asustados

Estos okupas también tienen intimidados a los residentes en el barrio, algunos de los cuales ya han puesto varias denuncias. Como , por ejemplo, una joven que ya en dos ocasiones acudió a los agentes tras recibir amenazas de muerte. Ayer, abandonaba su casa de Palavea: «No puedo seguir aquí, no duermo... Ayer [por el martes], con la nueva bronca acabé en urgencias con un ataque de ansiedad».

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DAVID GARCÍA

Un grupo de residentes en el barrio acudieron a pedirles pacíficamente que se marchen, pero la respuesta fueron amenazas

La policía acudió este martes a Palavea después de que un grupo de vecinos del barrio solicitase su presencia después de ser amenazados por los okupas con los que mantienen una tensa relación. Más de una treintena de personas se acercaron hasta el inmueble, ubicado en la parte trasera del centro cívico, para solicitarles pacíficamente que abandonen el edificio, pero la respuesta que se encontraron fue del todo menos amistosa.

«La conversación fue subiendo de tono y tuvimos que avisar a la policía», explica un vecino, que señala que están «hartos de las continuas amenazas» que sufren tanto adultos como menores además de otras molestias como «insultos y golpes en las puertas y paredes». La presencia policial sirvió para calmar un poco los ánimos, pero no para responder a las demandas de los vecinos, que piden a las autoridades que «actúen».

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