La Audiencia Nacional asume la causa contra una red que conecta Galicia, el Magreb y los Balcanes

Dos alijos levantaron la liebre sobre la alianza internacional de varios clanes para inundar Europa de cocaína

Sería de necios pensar que un fenómeno como la globalización se restringe a las transacciones financieras y empresariales. Quienes investigan el submundo del crimen cada vez más organizado coinciden en dibujar un panorama marcado por la alianza entre redes de diferentes países y continentes, cuyos intereses cruzados las llevan a colaborar en busca de un cuantioso beneficio común. Dentro de este esquema, la cocaína se erige como la vía de financiación por excelencia. Bien como fin en sí mismo, bien como engrase para la venta de armas, la prostitución, el juego o las extorsiones, el narcotráfico siempre acaba saliendo a relucir. Avalado por un informe del Ministerio Fiscal, el Juzgado de Instrucción número 4 de Vigo acaba de inhibirse en la causa abierta contra un buen ejemplo de esta forma de funcionar: un entramado que conecta Galicia, el Magreb, Centroeuropa y los Balcanes, cuya razón de ser es introducir en el viejo continente cantidades masivas de cocaína procedente de Sudamérica.

La investigación pasa, ahora, a manos del Juzgado Central de Instrucción número 3 de la Audiencia Nacional. Sobre la mesa, dos importantes alijos. En julio del 2018, el velero Wall Street fue abordado en alta mar cuando navegaba hacia las costas gallegas con 1.350 kilogramos de cocaína a bordo. Tripulaba la embarcación un norteamericano que se hacía acompañar de dos croatas con formación militar. Antes de zarpar hacia Suriman, habían navegado el Mediterráneo, tocado la costa andaluza y cargado hachís en Marruecos. Con él pagaron parte del polvo blanco que pensaban descargar en las Rías Baixas como paso previo a su distribución en media Europa. En mayo del año pasado, otro velero, el Apollo I, fue interceptado en aguas internacionales con 1.500 kilos de fariña confiados a un grupo de brasileños. El juez de Vigo y la Fiscalía Antidroga les atribuyen un mismo origen: «Una amplia red criminal con varias organizaciones criminales colaborando entre sí».

Quienes se iban a hacer cargo del material se vinculan a dos territorios concretos: las provincias de Pontevedra y Málaga. Como pieza clave del entramado, el marroquí Hichan Ousassi, hombre de confianza en Europa de una poderosa mafia establecida en el Norte de África.

Como cada uno juega con las cartas que le han tocado, la organización a la que representa Ousassi emplearía las numerosas comunidades magrebíes repartidas por Francia, Bélgica y Holanda como camuflaje para mover la mercancía a lo largo y ancho del continente. Vecino de Marbella, el marroquí conoce bien las Rías Baixas. Especialmente Vigo, aunque se le ha visto también en Sanxenxo, O Porriño y otras localidades. En la misma operación que precipitó su detención cayó Salvador Dios, de Bueu. Entremedias, otra red orinunda de los Balcanes, con sus propios intereses y un proceder extremadamente violento.

De la complejidad y extensión de sus relaciones da fe el hecho de que en la investigación interviniesen Europol, la agencia policial de la Unión Europea, y Eurojust, el ente estratégico que integra a jueces y fiscales de todos los países de la UE en la lucha contra la delincuencia organizada. En su seno desarrolló labores de coordinación la magistrada María Poza Cisneros, de la Audiencia Provincial de Murcia, que falleció hace apenas una semana. Precisamente, de ella destacan sus compañeros en la Magistratura y la Fiscalía su capacidad para tender puentes entre países para abordar de forma conjunta este tipo de amenazas crecientes.

¿Qué aporta Galicia a este particular concierto? Según quienes saben de esto, unas 25 bandas entregadas al narcotráfico. Dos de ellas, en la cúspide, nunca se mancharían las manos tocando el polvo blanco, aunque su dinero les reviente los bolsillos.

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