Los Quer y los Abuín Gey, dos familias en los extremos de la tragedia

Nada ha vuelto a ser lo mismo para los Quer López-Pinel y los Abuín Gey tras la desaparición de Diana; los primeros perdieron a su hija, los segundos supieron que habían criado a un psicópata

Los parientes de Diana Quer y los de su asesino confeso, José Enrique Abuín Gey, viven marcados por ese crimen
Los parientes de Diana Quer y los de su asesino confeso, José Enrique Abuín Gey, viven marcados por ese crimen

VIGO / LA VOZ

Diana Quer llegó al mundo con siete meses y medio de gestación y la obligaron a dejarlo poco después de cumplir 18 años. La que fue su primera hermana, con la que compartió vientre, falleció a las 12 horas de nacer. Era 1998. Diana pasó los siguientes seis meses ingresada en la unidad de vigilancia intensiva. Luego, tras una prodigiosa mejoría, la trasladaron a preventivos. Pero lo peor aún estaba por llegar. Una meningitis vírica casi apaga el aliento de aquel bebé que, otra vez de forma sorprendente, salió adelante. De ahí que su familia defienda orgullosa que Diana, su Diana, «llegó al mundo luchando y se fue luchando». Lo reitera una y otra vez para evidenciar que sin ella, tras su crimen y presunta violación, nada volvió a ser lo mismo.

En la casa del autor confeso de la barbarie, Enrique Abuín Gey, también cambió todo para siempre. No queda rastro de aquel proyecto familiar a medias con su mujer, Rosario Rodríguez, y la hija de ambos. Un matrimonio fagocitado por un embarazo que llegó inesperadamente y que ni la condena contra Abuín por tráfico de cocaína (once kilos: dos en un coche y nueve en el armario de una abuela) logró deshacer. Lo ocurrido tras la desaparición (22 de agosto del 2016) y localización (31 de diciembre del 2017) de la joven madrileña sí lo hizo. El acusado regresó a la cárcel. Su vivienda de Leiro (Rianxo) se embargó, y Rosario, tras encubrirlo durante meses ante la Guardia Civil, regresó a su municipio natal, Catoira, sin cargos. Allí vive con su hija sin querer saber nada de la que fue su familia política, intentando pasar página lo antes posible y desde el anonimato.

Los padres del Chicle

En Rianxo, los padres de Abuín Gey sobrellevan el día a día como buenamente pueden. Su vivienda de Asados (Rianxo) está a 300 metros de la nave de los horrores donde apareció el cuerpo de Diana. Será difícil que lo olviden algún día.

El padre se deja ver más y acude a funerales. No entra en la iglesia y socializa con vecinos. A su mujer ya se la ve mucho menos. «Dan aparencia de normalidade, que van facer. Os veciños foron moi educados en xeral. Se están diante, xa sexa nun bar ou outro lugar, non se fala do asunto. É un tema tabú e mellor que siga así. Seica teñen eles que pagar polos pecados do seu fillo?», se pregunta un conocido.

El núcleo familiar mantiene diferencias desde hace años con una de las tres hermanas del acusado, María, que tras el caso Diana Quer se distanció aún más de sus padres. Les reprocha que sigan defendiendo a su hermano y le lleven ropa y dinero a prisión: «Fue, es y será su chichi, hay que darle todo hecho. Es su niño bonito, el gallito de casa, siempre lo fue, qué más quieren ahora. Ven que su hijo mata a una chica y se lo consienten, ellos tienen nietos y nietas». La brecha entre ellos parece insalvable.

Madrid-Outes-A Pobra

Los Quer López-Pinel llegaron a Barbanza para enseñar a sus hijas Diana y Valeria que hay vida más allá del asfalto de Madrid. Encontraron una casa rural en Outes, en la ría de Noia, con animales para jugar con sus hijas. Recorrieron la comarca en coche hasta parar en A Pobra, ya en la ría de Arousa. En la ladera orientada al norte, en lo más alto, se dejaron seducir por las vistas. Tanto que decidieron quedarse. Compraron uno de los chalés adosados que se edificaban en ese mirador. «Fuimos muy felices, muy muy felices a pesar de lo que la gente pueda pensar», explica Juan Carlos Quer siempre que puede para romper el mantra de familia maldita que se ha ido creando desde la desaparición de su hija mayor en agosto del 2016.

Los problemas conyugales llegaron mucho después. El matrimonio se rompió y el divorcio motivó una batalla judicial por la custodia de las hijas que acabó en la Audiencia Provincial de Madrid. Era el año 2013. Los tira y afloja por las pensiones y la educación de Valeria y Diana fueron constantes. El padre pretendía mayor control sobre ellas en los estudios y aficiones de su tiempo libre. Pero todo cambió con la repentina desaparición de Diana.

El suceso fue un agravante para los problemas internos que ya arrastraban ambas familias

Diferencias irreconciliables

La investigación no tardó en evidenciar las diferencias entre los progenitores. Tampoco ayudó que se archivara la causa temporalmente por falta aparente de pruebas y para no agotar los plazos de instrucción. Las recriminaciones cruzadas nunca cesaron. Solo algo tan impactante como la localización de la joven, teniendo en cuenta las circunstancias en las que se dio, podía unir nuevamente a los padres de Diana en torno a Valeria.

Su presencia juntos en el funeral y en sucesivos actos en recuerdo de la fallecida fue constante. Juan Carlos Quer, de forma paralela, inició una primera cruzada para poner en valor a los desaparecidos y a sus familias. Una trinchera que él mismo ha cavado y que, más allá de la sentencia sobre el caso de su hija, promete seguir abanderando. La segunda cruzada es el procedimiento contra Abuín Gey, en el que se personó a través del abogado de Ferrol Ricardo Pérez Lama. La relación con su mujer volvió a minarse por este asunto. Ella le recrimina que la mantenga al margen de las novedades y él asegura que tres letrados del despacho están a su disposición.

La rotura definitiva de la tregua se vivió hace dos semanas. Diana López-Pinel acusó a su exmarido ante la Guardia Civil por supuestamente agredirla e intentar atropellarla con el coche frente a su casa. Él fue detenido y puesto en libertad sin medidas cautelares. Respondió denunciándola por amenazas, injurias, intento de agresión y simulación de delito. El martes, en Santiago, se reencontrarán para declarar ambos en la primera jornada del juicio por Diana. Junto a ellos, en la sala y cara a cara, estará el autor confeso de la muerte de su hija y único acusado: José Enrique Abuín Gey, alias el Chicle.

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