Conflicto okupa en As Gándaras: «Nos sentimos presos en nuestras casas, pero cualquiera las deja solas»
GALICIA
Los vecinos del barrio lucense de As Gándaras dicen que no salen a la calle tranquilos por miedo a los okupas
12 mar 2019 . Actualizado a las 16:23 h.Llevan años peleando contra los okupas, pero en los últimos meses la situación en el barrio lucense de As Gándaras se ha enquistado todavía más. Hartos de sentirse vulnerables y expuestos, los vecinos han decidido hacer ruido. El pasado domingo, un grupo numeroso recorrió las calles del barrio y terminó delante de una de las casas ocupadas. «Cuando los desahucian se van, pero dejan a otro dentro y hay que volver a iniciar todo el proceso», denuncia Prudencio González con impotencia. Este vecino participó en la manifestación del fin de semana y dice que los okupas que actúan en su barrio «no son okupas por necesidad, lo son por dinero. Venden en el mercadillo las cosas que les dan en Cáritas y en la Cruz Roja, eso quiere decir que no las necesitan».
Lamenta que el suyo era un vecindario tranquilo, en el que hasta hace no tanto «no había llaves en las puertas», pero la situación ha cambiado de un tiempo a esta parte. «Ahora no puedes tener una puerta abierta. Por aquí se ven casas de planta baja y casi ninguna tiene rejas en las ventanas, porque no hacían falta. Ahora ni rejas ni alarmas, nada. Nos sentimos presos en nuestras propias casas porque no puedes salir de ella, pero cualquiera la deja sola. Durante el día todavía los vecinos echan un ojo, pero por la noche ellos también duermen», argumenta.
Explica Prudencio González que los problemas se agravaron hace un par de años, con la llegada al barrio de una familia de etnia gitana que cobra 50 euros por abrir las casas «supuestamente vacías». «Esto no es racismo, cuando vinieron para aquí todos les ayudamos en lo posible. Personalmente, mi mujer y yo les dimos una nevera en pleno uso, también dinero alguna vez» y añade que «hay más familias gitanas que en la vida dieron un problema, es gente que te respeta». Asegura que es «el primero que no quiere ver a una familia con hijos en la calle, yo soy padre y abuelo, pero esa no es la educación que le tienen que dar a esos niños, andar de okupa de casa en casa. Cuando a esta gente la echan de una casa se va a ocupar otra».
Dos viviendas ocupadas
Ahora mismo los vecinos cuentan dos casas ocupadas. En una de ellas, donde terminó la manifestación del pasado domingo, vive una familia con tres niños. La sobrina de la propietaria se dio cuenta de que la casa en la que habían vivido su tía y su hijo había sido ocupada a finales de enero, pagó para que se marchasen, pero antes de darse cuenta había otra familia dentro.
«Tengo tres menores a mi cargo y si hay casas vacías no voy a estar en la calle», dice el okupa, que prefiere no revelar su nombre. «Yo no me niego a pagar un contrato», pero explica que tiene dificultades a la hora de intentar alquilar una vivienda por cuestiones de raza. «Por teléfono no hay ningún problema, pero cuando te ven ya no quieren», lamenta. Cuenta que lo están pasando mal, que se sienten «acosados» por las manifestaciones y solo piden un sitio en el que vivir.
El domingo dejaron pasar al marido de la propietaria para que viera la casa. «Le hicimos alguna mejora, porque estaba todo sucio y con basura, hasta les recebamos las paredes porque había mucha humedad».