Lara, la esperanza de un concello que va a menos

Vilariño de Conso, en Ourense, el concello gallego con menor densidad poblacional

La pequeña Lara es la única vecina nacida en el concello de Vilariño de Conso durante el 2018
La pequeña Lara es la única vecina nacida en el concello de Vilariño de Conso durante el 2018

ourense / a coruña / la voz

VILARIÑO DE CONSO (OURENSE)

La carretera que une A Gudiña con Vilariño de Conso es un espectáculo para los sentidos. Un paisaje natural único del interior de Galicia. En el trayecto puede, incluso, que no te cruces con nadie, si descartamos alguna que otra brigada forestal. Los datos son importantes, pero enseguida, con una visita, se sabe que estamos ante el concello con la densidad de población más baja de Galicia. En el bar que se encuentra antes de entrar en la capitalidad es fácil encontrarse a varios hombres. Son trabajadores de Iberdrola, que están de paso. Una vez en el centro de la villa, tras la marcha de los turistas veraniegos, la localidad ha cerrado varios de sus locales de hostelería. Es un día de semana y en la plaza solo hay abierto un bar.

El colegio de Vilariño de Conso estuvo a punto de no abrir este año. A última hora la matrícula de un niño obró el milagro. En la guardería son más. Una de ellas es Lara, la única niña nacida en el concello en el 2018. Y la única que nacerá. Su madre, Lorena García, se ha empeñado en quedarse en Vilariño, su villa natal, a pesar de que dos veces a la semana tiene que viajar hasta Ourense para poder ir a clases a la universidad. «Cando viña ao colexio, e non hai moitos anos, eramos 46 rapaces, e agora quedou en unitaria», explica. Lorena dice que se va notando el descenso año tras año y señala el bar que hay enfrente a su casa, ahora cerrado: «Non sei se é para sempre ou só agora. Temos o supermercado, o bar, o centro de saúde, o Concello e hai algunha que outra actividade de ocio», explica

Va de camino a buscar a su hija a la guardería y cree que a pesar de la tendencia es posible vivir en el rural: «Eu estou estudando unha carreira en Ourense e vou e veño. Calquera persoa en Madrid ten que facer unha hora de traxecto en metro para ir ao traballo... E se vives nunha cidade, cantas veces vas ao cine?», pregunta. Y afirma contundente que quiere seguir criando a su hija Lara en Vilariño de Conso. Cree que sería posible recuperar el concello con la gente que se marchó, aquella que conoce la realidad del interior ourensano.

José Luis Barja reparte pescado por los pueblos de Vilariño. Él, mejor que nadie, palpa la falta de gente en esta zona ourensana. «A Vilariño veño unha vez á semana porque hai pouca xente. Cada vez está máis baleiro. Incluso cada vez son peores os veráns, aínda que hai máis xente ca no inverno», explica. Dice que ha pasado de ir cada semana a algunos de los pueblos a hacerlo cada quince días. «Aguanto porque son de aquí. Aguantarei mentres poida, pero terei que cambiar de zona se segue así».

agra do orzán (a coruña) 

En el Agra do Orzán siempre hay gente. Da igual la hora. Aquí habitan 689 personas por cada hectárea. Es el barrio con más densidad de población de Galicia, donde la media de humanos por la misma unidad de superficie no llega siquiera a uno. El distrito que demarcan las rondas de Outeiro y de Nelle funciona como un espejo de aumento del municipio. A Coruña es también la urbe más densamente poblada de las siete galleas. Apenas ocupa 37 kilómetros cuadrados. Es tres veces más pequeña que Vigo.

El éxodo rural que nutrió el padrón de la ciudad en los sesenta y los setenta coincidió con los años del urbanismo más depredador. Las moles de hasta 13 alturas se agolpan en unas manzanas donde solo hay un parque, el de As Conchiñas. «Mentiría se digo que isto é bonito. Só hai que levantar a vista», admite Ricardo Seixo. Es el presidente de la asociación de vecinos. Se estima que aquí viven cerca de 30.000 personas. Pocos ayuntamientos en Galicia, menos del 5 %, alcanzan esa cifra. Sin embargo, no son ni los gigantes de hormigón ni la alta concentración de transeúntes por la calle Barcelona, la única peatonal, lo que más llama la atención. Los jubilados se entremezclan en una terraza o en los bancos del parque con jóvenes de dispares vestimentas y acentos. El 20 % de los residentes son extranjeros.

La populosa calle Barcelona, en A Coruña
La populosa calle Barcelona, en A Coruña

Dan fe de ellos las cafeterías. Rótulos tan autóctonos como A Esmorga se suceden con otros que rezan Mamá África. «La génesis del barrio fue el trasvase de habitantes del campo y el de los gallegos retornados de la emigración. En el edificio en el que me crie todos mis vecinos lo son. Muchos se marchan porque envejecen y viven en décimos sin ascensor. Eran la clase obrera y las construcciones angostas. Las viviendas, con precios bajos, se ocuparon con extranjeros que, como nosotros, crearon sus propias redes», explica Raquel Martínez Buján. Es vecina del Agra y socióloga en la UDC.

Su hijo va un colegio del barrio. «Hay clases donde el 50 % de los alumnos son de fuera», resalta. En el IES Agra do Orzán hay más de 18 nacionalidades. «Somos como una pequeña ONU», apunta su director, Diego Taboada. Uno de los amigos que Ricardo hizo en la asociación vecinal se llama Cheikh Fayé. Es de Senegal. «Llegué en el 2003», dice Fayé. También fue usuario de Ecodesarroio Gaia, una de las seis oenegés aquí asentadas. «Non hai grandes problemas de convivencia, pero precísanse políticas de emprego», avisa Seixo. «Es otro perfil, sí, pero la multiculturalidad que dicen que trajo Inditex existe en A Coruña desde mucho antes, solo hay que venir al Agra», apunta Raquel.

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