«Nadie vendería su casa ni por un millón»

La hospedería de O Cebreiro tiene completas sus camas para los meses de mayo y junio


o cebreiro / la voz

Una gran nevada obligó ayer a cerrar negocios en O Cebreiro, retrasar entierros, hubo problemas de tráfico en toda la montaña de Lugo, los quitanieves abrieron paso a los veterinarios y en Rubiáns, en Pedrafita, rescataron a dos hermanos y a un niño pequeño en un coche bloqueado.

Un bus de línea de Santiago a Barcelona se detiene ante la gasolinera de Pedrafita (1.088 habitantes), bajo 40 centímetros de nieve. Descartado subir a pie los cuatro kilómetros en un desnivel de 180 metros hasta la aldea de O Cebreiro, punto de partida del Camino Francés en Os Ancares de Galicia. En el bar La Ruta, dos peregrinos italianos piden un café para entrar en calor. Pegado a la ventana hay un cartel con el número de teléfono del taxi. «Teño o coche aparcado fóra polo da neve, pero xa vou», dice el chófer. A los pocos minutos aparece y se suben dos peregrinas de Vigo que acuerdan compartir taxi por diez euros con otro pasajero. «Hacía años que no veía esto», dice una de las viajeras, que retornó de Suiza. El taxista Fermín advierte: «O Camiño está pechado, con neve nunca sabes onde vas meter o pé, podes caer nun burato. Inda peor se chove e hai xeo. É mellor ir pola estrada».

Un manto blanco cubre los tejados de paja y pizarra de la aldea prerromana de O Cebreiro y su hórreo. Hay placas de hielo resbaladizas. Parece un pueblo de cuento de hadas, o de Invernalia en Juego de Tronos, con témpanos colgando sobre las ventanas de sus casas circulares. «Está de postal», dice con alborozo una recién llegada, que se saca un selfi ante el valle de Valcarce. Duelen las manos del frío.

En el santuario románico del siglo IX de O Cebreiro, el párroco ofició la última misa y vende por dos euros la credencial para acreditar la ruta jacobea. En una estancia destaca una gran pila bautismal y, al fondo, un copón metálico que, según dicen, es el Santo Grial, la leyenda artúrica sobre la copa de la que bebió Cristo en la última cena. La encargada de sellar, Marta Castro, cuenta que «hace unos días vi a unos coreanos salir del albergue con chanclas y caminando sobre la nieve. Decían que sentían frescor en sus pies cocidos».

«Los coreanos salen a caminar entre la nieve en chanclas», cuentan en el santuario Fuera se oyen risas y una chica americana se lanza entusiasmada sobre un plástico a modo de trineo por la nieve en un pueblo vacío. El bullicio está en la taberna de la posada de la hospedería de San Giraldo de Aurillac al calor de la chimenea de leña. Los americanos entran a cenar a las 19.30 horas. Una pareja alemana come sentada al calor de la lareira y brinda con vino. El menú del peregrino cuesta 10 euros e incluye caldo y sopa, filetes o huevos y el queso con membrillo. Los extranjeros eligen casi todos macarrones con «tomato y fromage». Un telediario nacional muestra imágenes de O Cebreiro nevado y las encargadas de la posada se reconocen en la tele.

A lo largo de la tarde, la hospedería recibe llamadas de clientes que quieren reservar pero mayo ya está ocupado, junio también y algo del verano. El hostal se ha modernizado y tiene las reservas informatizadas. «Hai tanto negocio que faltan camas, pero na aldea xa non se pode construír e ningunha das tres familias vendería a súa casa nin por un millón de euros. Unha escritora vendeu a súa casa de Londres para vir aquí pero non atopou nada porque ninguén deixa o fogar dos seus pais e avós».

Transporte de mochilas

Le llaman El Rubio y es el taxista más solicitado de O Cebreiro. El transporte del equipaje en taxi se ha convertido en la clave para hacer un «buen camino». El plan es que un chófer traslade la mochila hasta el bar O Peregrino, en Triacastela. El propio establecimiento ofrecía este servicio pero renunció ante la competencia de los propios taxistas, que aprovechan sus viajes para llevar carga, y de una web llamada Xacotrans. El peregrino debe rellenar un sobre con sus datos, pagar 5 euros y al llegar a su destino, por la tarde, recoge el equipaje. Para la marcha solo lleva una bolsa con la comida.

«O Camiño dá moita vida a esta zona»

José do Seixo, panadero de O Cebreiro

e. v. pita

El panadero José do Seixo es de los madrugadores y llega con su furgoneta de reparto a las 9.00 horas a la posada de la hospedería de San Giraldo, donde desayunan los peregrinos un café con tostadas de bolla antes de iniciar una nueva jornada. José tiene una panadería familiar a cuatro kilómetros de O Cebreiro y, pese a la nieve, nunca falta a su reparto de bollas de pan que mete en una bolsa.

Un día normal consiste en hacer repartos por la zona incluso con mal tiempo. «Hai días complicados. Cando hai neve tes que adaptarte ao que hai. Uns días son máis complicados que outros», dice.

El repartidor no está de acuerdo con que la vida en estas montañas esté tan congelada como parece. «Isto é o Camiño de Santiago, que é o que máis vida dá a esta zona. Neste tempo hai menos xente, pero agora cando empece a moverse isto xa será outra cousa», dice.

El profesional cree que la peregrinación cada vez va a más. «Cada ano vai medrando a xente do camiño, dende hai uns anos atrás veñen máis camiñantes», dice antes de continuar su reparto.

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