Alfonso Rueda: «Soy un hombre normal»

El vicepresidente de la Xunta confirma lo que se dice por ahí: es mucho más divertido de lo que parece


Alfonso Rueda (Pontevedra, 1968) tiene un despacho amplio, luminoso, acogedor y moderno. Se disculpa por el ligero retraso: «Pero es que vengo de estar con el único al que no puedo decir que no: el conselleiro de Facenda». Relajado ante un fin de semana inesperadamente libre, Rueda confirma lo que se dice por ahí: es mucho más divertido de lo que parece.

-Es usted hijo de político y empezó ya en Nuevas Generaciones, ¿es político por obligación?

-No. Viendo al político que era mi padre no me daban ningunas ganas de entrar en política. Aunque al final te vas metiendo y te vas enganchando. Pero observándolo a él ya me di cuenta de que la política era muy dura y bastante ingrata.

-¿Le decía su padre que no se metiera?

-Sí, siempre.

-Pero no le hizo caso...

-Pues parece ser que no. A la vista está el resultado.

-Y una vez que constató que no le hacía caso, ¿le dio algún consejo?

-Sí, que me abrigara mucho y que había que fiarse de gente, pero de muy poca y muy seleccionada. Y es un consejo que he intentado seguir. También me insistió que, antes de dedicarme a la política, intentara dejar asegurada mi vida por otra parte. Y es lo que hice.

-Es usted abogado.

-Sí, acabé la carrera y aprobé una oposición. Soy secretario municipal. Estuve trabajando y luego me metí en política. Y es un trabajo que me gusta. Muchas veces cuando voy por los ayuntamientos, lo digo: «¡Qué bien estaría yo aquí de secretario!».

-Es su anhelo, esa vida tranquila del secretario.

-Sí, de algún modo sí. Este trabajo que tengo ahora tiene pocos horarios. Cuando mis hijas eran pequeñas me cogió con toda esta vorágine y varias veces pensé en dejarlo todo. Ya sé que eso no lo voy a recuperar y ahora las niñas han crecido.

-La política no está muy bien vista. ¿Le dicen algo sus hijas sobre eso?

-Ellas lo han vivido desde siempre y, afortunadamente, no han tenido que asistir a ninguna escena desagradable. De hecho, a la mayor le gusta, está muy bien informada.

-A ver si le va a pasar lo mismo que a su padre cuando le decía a usted que no se dedicara a la política.

-No. Yo voy a ser más listo. Le voy a decir que se dedique para que no lo haga, ja, ja.

-¿Cómo era de pequeño? Usted era más bien un niño de ciudad.

-Nosotros somos cuatro hermanos y siempre íbamos juntos a todas partes. Lo pasé bien. Y sí, era más de ciudad, pero mi padre siempre trabajaba en sitios que no eran Pontevedra y yo lo acompañaba muchas veces. Durante el verano estaba mucho en la zona de Silleda, de donde era mi abuelo.

-Y ya de mayor, ¿qué tal se le daban las chicas?

-Bien. Bueno, mejor ponga que hacía lo que podía. Estaba en la media. Tengo muy buenos recuerdos de mi época de estudiante en Santiago. Me integré muy bien, era un santiagués más. De hecho, iba poco a Pontevedra porque el viaje en tren era bastante coñazo.

-Es usted un «runner», ¿es de esos que se miran los tiempos, que van a por marcas...?

-Me gusta correr, sí. Empecé con la primera niña y no lo he dejado. Corro tres o cuatro días por semana y voy a muchas carreras populares. Ahí sí miro las marcas, pero no me obsesiona.

-¿Ya ha probado alguna maratón?

-No. He hecho medias maratones, pero con el maratón aún me tengo que atrever. Hace falta mucha cabeza y aún no me veo capaz.

-¿Qué otras cosas le gustan?

-Me gusta no tener obligaciones. Afrontar el fin de semana sabiendo que no tengo nada hasta el lunes. Eso me gusta muchísimo. Poder ir a las rebajas, a correr, ir al cine...

-Defínase en cuatro palabras.

-Soy un hombre normal en todos los aspectos, mucho menos serio de la imagen que transmito; convencido de que la suerte está bien, pero que sin trabajo no se consiguen las cosas. Y amigo de mis amigos.

-Y ahora explique Galicia en pocas palabras.

-Es singular, con personalidad, con mucho futuro y con cosas pendientes de corregir, empezando por nosotros mismos.

-Elija un Iglesias para compartir un cocido: Julio, Pablo o Arsenio.

-Con los tres. Y si pueden ser juntos, mejor.

-Cuente un chiste.

-Mmm, de los que me acuerdo no se pueden contar en el periódico.

-¿Qué es lo más loco que ha hecho en su vida?

-Eso tampoco lo puedo contar, pero sí le diré que no me arrepiento.

-Una canción.

-Sin documentos, de Los Rodríguez.

-Lo más importante en la vida.

-Mi familia.

[Concluida la entrevista, Rueda contó tres chistes. De alguno todavía me estoy riendo]

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