El escenario perfecto para el fuego

Viento, calor, una bajísima humedad en el aire y en el suelo, y una desaforada actividad incendiaria explican el caos vivido


redacción / la voz

Los incendios que asolan en pleno otoño buena parte del sur de Galicia y de la montaña lucense y ourensana han encontrado el escenario perfecto para su rápida expansión y su dificilísimo control. La mayoría de las zonas en las que ayer había fuego en los montes no estaban dentro de los parámetros de los tres treintas (más de 30 grados de temperatura, menos del 30 % de humedad y vientos de más de 30 kilómetros por hora), pero en casi todos había valores muy próximos, con un aumento progresivo de las rachas de viento -por el influjo del ciclón extratropical Ophelia-, una temperatura superior a los 25 grados -mayor ayer cuanto más al norte, también por la influencia del aire cálido del ciclón- y sobre todo una humedad relativa del aire muy baja para esta época en Galicia, que se mueve precisamente en el entorno del 30 %, en aumento con la llegada de las lluvias hoy, que ayudarán a la extinción de los fuegos.

 

La fórmula del 30-30-30 es un buen instrumento para alertar del riesgo o de la propagación, explican los expertos, pero apenas un 35 % de los grandes incendios ocurren dentro de estos parámetros, aunque la provincia de Ourense es la que está entre las que sufren más grandes incendios dentro de los registros de esta fórmula. Al margen de estos factores, hay otros más decisivos en la oleada de incendios de esta semana, que alcanzó su cénit en la jornada de ayer, pues a partir del mediodía se declararon 25 incendios, que se suman a los 55 del sábado.

Así, la falta de humedad del suelo -en valores cero en la mayoría de los puntos-, la sequía prolongada en el tiempo -Galicia está en prealerta desde el 11 de enero y en alerta en algunas zonas- y la mayor desecación de la vegetación por estos factores son otros elementos decisivos que intervienen en la magnitud de los incendios otoñales.

La vegetación, además, cambia de ciclo, disminuyendo el movimiento de la savia en su interior. La ausencia de humedad ambiental, en el suelo y en el interior de las plantas, pueden ser más decisivos para explicar estos incendios que ocurren fuera de la temporada clásica de actividad incendiaria, un aspecto muy estudiado a raíz de los episodios ocurridos en esta época del año en zonas del País Vasco. Desde hace años se asiste a la desestacionalización de los incendios, que está obligando a prolongar el aparato público de extinción, aunque no en su máximo despliegue y disponibilidad de brigadistas, cuestión que habrá que replantearse en el futuro.

A todas estas circunstancias hay que añadir el factor humano, el de la intencionalidad incendiaria, crucial para entender la problemática gallega. Ayer la Xunta volvió a denunciar la intensa actividad delictiva, que se focalizó en áreas naturales protegidas de gran valor ecológico como Os Ancares y el Xurés, pero también zonas con viviendas dispersas o muy cerca de poblaciones importantes, como Baiona y Vigo. El factor meteorológico, unido al humano, explica la jornada de caos vivida ayer en buena parte del sur de Galicia, que se agravó por la noche debido a las rachas de viento, que fueron en aumento. La comunidad es la que registra un mayor porcentaje de fuegos intencionados de toda España, superando el 80 % de los que se declaran en territorio gallego.

El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, incorporó ayer a todo este cóctel los incendios descontrolados a la otra orilla del Miño, en Portugal. Por primera vez, aseguró, las llamas «saltaron» esta frontera natural contagiando áreas forestales de As Neves, O Porriño o Salvaterra de Miño.

 

La oleada del 2006

Como en el 2006, cuando Galicia sufrió la peor oleada de incendios de su historia, las llamas afectaron a áreas urbanas como Baiona o Vigo y contagiaron zonas separadas por autovías y ríos ayudadas por el viento. Entonces, el informe de la Guardia Civil sobre aquella oleada de incendios concluyó que la situación meteorológica extrema entre los días 4 y 15 de agosto del 2006 -perfectamente compatible con la fórmula del factor 30-, conjugada con una sequía que se venía arrastrando durante dos años, fue el caldo de cultivo ideal para el caos. «Estos factores contribuyeron decisivamente a que los fuegos se declararan con mucha facilidad, y una vez declarados, deviniesen rápidamente en incendios difíciles de controlar, emitiendo partículas en ignición a larga distancia, más allá del frente del incendio, donde producían nuevos focos».

Algo similar a lo que describe este informe sucedió ayer en Galicia: la misma sensación de caos, el cielo de toda Galicia oscurecido por el humo y el olor a quemado entrando en los hogares más alejados de los incendios. Y las llamas extendiéndose por el aire con las fuertes ráfagas de viento del Ophelia.

 No hay que olvidar el contexto global. En buena parte de los informes de Greenpeace sobre esta problemática se alerta de que el cambio climático va a traer prolongados períodos de sequía en el sur de Europa, que agravarán el riesgo en épocas del año consideradas hasta hace poco menos propicias.

Los incendios ya no son un síntoma del verano. Se han desestacionalizado y aún lo harán más

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