El veto del ministro De la Serna a que el Congreso debata siquiera el traspaso amenaza con generar un conflicto con Feijoo
03 jul 2017 . Actualizado a las 05:00 h.¿Qué está pasando con la autopista AP-9? El Gobierno, la Xunta y el Parlamento de Galicia, en el que el PP tiene mayoría absoluta, llevan tiempo enzarzados en una batalla que resulta incomprensible por lo que tiene de diálogo de sordos entre tres instituciones controladas por un mismo partido. Ciertamente, resulta complicado entender que dirigentes de un mismo partido no sean capaces de dialogar y acercar posturas antes de que uno de ellos secunde de manera oficial una propuesta que, al estar respaldada también por otros partidos, deja en muy mal lugar a quien las plantea cuando son rechazadas de plano por un Gobierno supuestamente amigo.
Eso es lo que acaba de ocurrir después de que el Gobierno de Mariano Rajoy haya vuelto a vetar la proposición apoyada de manera unánime por el Parlamento gallego, incluido el PPdeG, para que el Estado transfiera la autopista AP-9 a Galicia. Es la segunda vez que el Ejecutivo veta esa propuesta, pero esta vez el asunto se presenta mucho más conflictivo, ya que el Parlamento gallego había depurado la proposición de ley original del BNG presentada en el 2016 para adaptarla a todas las objeciones que Moncloa puso en su día.
Que ese esfuerzo del Parlamento gallego estaba destinado al fracaso estaba cantado desde el pasado 12 de mayo, cuando La Voz de Galicia preguntó directamente al ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, si el Gobierno estaba dispuesto a facilitar la máxima celeridad en el trámite parlamentario de la proposición de ley de la cámara gallega. Podría haber optado el ministro por una respuesta de compromiso, pero prefirió jugar a la grande. Y, sin esperar siquiera a escuchar los argumentos del Parlamento gallego ni solicitar un nuevo informe, aseguró tajante que la titularidad de la AP-9 «necesariamente tiene que seguir estando donde está». Es decir, en manos del Gobierno. Esa posición de inflexibilidad apriorística de De la Serna, más allá de los argumentos económicos a los que se agarra el ministro en la explicación de su nuevo veto, tiene la virtud no solo de ignorar olímpicamente la voluntad del Parlamento gallego, sino también la del propio Feijoo, que el pasado 24 de mayo recordó que él siempre ha defendido el traspaso de la autopista AP-9, tanto cuando estaba en la oposición en Galicia como ahora que preside la Xunta.
El por qué De la Serna se empeña en impedir que el Parlamento de la nación debata siquiera sobre esta cuestión, cuyo coste es por otra parte ínfimo comparado con las promesas que el Gobierno le ha hecho a Cataluña en materia de infraestructuras, es algo difícil de explicar. Como lo es el hecho de que un recién llegado al Ejecutivo como De la Serna se empeñe en hacer innecesarios desplantes públicos al Parlamento y al Gobierno gallegos. Ya vimos en la guerra abierta entre el entonces ministro de Industria, José Manuel Soria, y el de Hacienda, Cristóbal Montoro, a costa de las renovables, que Mariano Rajoy no es partidario de intervenir para poner paz cuando dos de los suyos entran en abierto conflicto. Y todo indica que tampoco va a intervenir en el caso de la AP-9, por lo que el encontronazo entre De la Serna y Feijoo está servido.
Cruce de errores en el acto por las elecciones de 1977
Si sorprendente fue la ausencia de don Juan Carlos en los actos de conmemoración de las primeras elecciones democráticas de 1977, más lo ha sido la reacción del rey emérito, filtrando abiertamente a la prensa su disgusto por lo sucedido, con alguna salida de tono incluida en sus mensajes por SMS a determinados periodistas. El consenso generalizado es que se ha tratado de un error grave de los consejeros de Felipe VI, máxime cuando el Gobierno ha dejado claro que nada tuvo que ver en esa decisión. Pero si la Casa del Rey ha hecho así un flaco favor a la institución de la Corona, tampoco los que aconsejan a don Juan Carlos hicieron bien su papel al permitirle expresar en ese tono su disgusto.
Sánchez desmiente a los que le veían más reflexivo
Ni en el propio PSOE tienen muy claro a qué es a lo que juega Pedro Sánchez. Dirigentes socialistas, no solo críticos, sino también afines, aseguraban que nos íbamos encontrar con un nuevo Sánchez, más reflexivo y más alejado de los focos, pero también más moderado en sus planteamientos, para quitarse de encima la etiqueta de ser un líder sin cintura para llegar a acuerdos en las grandes cuestiones de Estado. Lo de alejarse de los focos sí lo ha cumplido Sánchez, pero actuaciones como la decisión de abstenerse en el tratado de libre comercio con Canadá, que él mismo admite que ha sido mal explicada, indican que sigue actuando de forma precipitada y que sus propuestas están lejos de moderarse.
Pastor e Iglesias forman una extraña pareja que sintoniza
Cuando Ana Pastor fue elegida por Rajoy para presidir el Congreso en la legislatura más complicada de la democracia, hubo quien auguró un conflicto permanente entre la diputada del PPdeG y el líder de Podemos, Pablo Iglesias, basándose en los estereotipos sobre ambos. Pero han acabado formado una extraña pareja que se entiende bien, a pesar de su sideral distancia política. El último episodio fue el homenaje que Podemos organizó en el Congreso a los luchadores antifranquistas el mismo día que se conmemoraban los 40 años de las elecciones de 1977. Pastor accedió a ello a cambio de la garantía de Iglesias de que su grupo no organizaría un número en presencia del rey. Y así fue. Ambos cumplieron.