Luís Villares, bajo el síndrome que acabó con Pedro Sánchez

El líder de En Marea se desvía de la línea que trazaron los notables de su organización, como hizo el del PSOE


santiago / la voz

Hubo un momento en que Pedro Sánchez decidió romper lo acordado con los barones que lo auparon a la secretaria general de PSOE para volar sin tutelas. Fue en septiembre del 2014, al anunciar que también quería ser candidato a la Moncloa. Por el camino fulminó a un aliado, Tomás Gómez, que había sido elegido por las bases. Alejó de Ferraz su política de comunicación, poniéndola en manos de la experta que modeló al líder de Ciudadanos, irritó a unos cuantos fichando a una diputada de UPyD y mostró una férrea determinación en mantener el sillón pese a su precario rendimiento en las urnas. Sánchez se convirtió en una persona poco fiable y ese fue su fin, aunque ahora intenta renacer como el líder de la militancia descamisada.

Con las salvedades que hay que hacer, porque el PSOE poco tiene que ver con En Marea, a Luís Villares le está ocurriendo algo parecido a Sánchez. El mismo síndrome. Para los promotores del partido instrumental que empató con el PSdeG en escaños se convirtió en una persona poco fiable.

Para entender lo ocurrido hay que retroceder nueve meses. En julio del 2016, los alcaldes de A Coruña, Santiago y Ferrol lanzaron un manifiesto para crear una plataforma política gallega y reunieron a un millar de personas en Vigo, en la constitución de En Marea. Anova, Esquerda Unida y varias mareas locales se implicaron para consolidar un espacio de confluencia desde el consenso, pero respetando la pluralidad.

Unos días más tarde saltó a la palestra Luís Villares, renunciando a su carrera de magistrado para convertirse en el candidato a las autonómicas gallegas. No tuvo rival. El resultado electoral no cubrió todas las expectativas, pero aun así Villares, como Pedro Sánchez, fue dando pasos para sacudirse las tutelas y convertirse en el amo de la finca. 

Desviado del carril

Desde algunos sectores de En Marea advirtieron de inmediato que el exmagistrado se desviaba del carril y lanzaron un torpedo, difundiendo aquello de que reclamaba secretario, chófer y una compensación económica. En la nueva política que compara sus sueldos y privilegios con el salario mínimo interprofesional siempre hay quien se rasga las vestiduras con estas cuestiones, aunque Villares aguantó los embates.

Y, en paralelo, el diputado lucense aceptó encabezar una candidatura al máximo órgano de En Marea que lo excluía como referente orgánico, pues se pensó en una portavocía coral. Ese esquema se impuso por el 60 % de los votos, pero el exmagistrado hizo caso omiso y se alió con las minorías internas para enmendar lo ya aprobado y convertirse en el único líder orgánico. Villares echó un pulso y lo ganó. Y ahora el triunvirato de alcaldes lo señala inquisitorialmente por tensar las costuras, romper el consenso y dinamitar los equilibrios internos. Algo así le reprocharon los barones a Pedro Sánchez.

Iago Martínez, asesor del alcalde coruñés, Xulio Ferreiro, y verdadero muñidor de Marea Atlántica, tocó la corneta en las redes sociales para advertir que la coordinadora de Villares «paga un altísimo prezo para apartarse do proxecto político» iniciado en Vigo. Salvando las distancias, cumplió un papel similar al de Felipe González cuando aseguró que Sánchez lo había engañado. Yolanda Díaz, en su rol de baronesa y coordinadora de EU, completó el cerco a Villares al avisar de que no podía seguir adelante sin los «actores máis relevantes» de En Marea, porque eso lleva al «descalabro». Luís Villares ya es líder orgánico de En Marea, pero el empeño puesto en ello lo puede dejar sentenciado. Los barones del partido, que a su modo también existen en la nueva política, se la van a cobrar en cuanto puedan.

No ve traición en las críticas de los alcaldes y asegura sentirse respaldado por ellos

Pese a ser criticado con dureza tanto por los alcaldes de las mareas, Xulio Ferreiro, Martiño Noriega y Jorge Suárez, por la composición de su coordinadora, Luís Villares no ve «riesgo de ruptura» y asegura sentirse «respaldado» por ellos. Con todo, reconoce que «hubiese sido mejor» un «consenso» para el órgano ejecutivo conformado el pasado domingo. En una entrevista concedida a Europa Press, Villares, que durante toda la semana se negó a responder a la prensa las preguntas sobre la crisis desatada en En Marea, señaló que «lo que pedía la gente» en estos momentos era que la formación «echase a andar», cuestión que no podía suponer sumergir a En Marea «en una política de bloques». «Era necesario llegar a un acuerdo y el acuerdo era razonable», apuntó sobre la oferta que planteó para la coordinadora, para luego añadir que la gente «que renunció» a estar en la coordinadora «estaba invitada» a formar parte de ella. «No se puede hablar de exclusiones, sino de renuncias», insiste.

No ve riesgo de ruptura

A pesar de que la reunión concluyó sin consenso entre las partes, y a pesar de que ha sido muy cuestionado por ello, Villares considera que la coordinadora elegida «es muy plural» y que en ella «están representadas proporcionalmente» las tres candidaturas que compitieron en las elecciones internas de En Marea. Villares se muestra convencido de que las críticas internas a la composición de la coordinadora no implican un «riesgo de ruptura». «Nadie lo entendería», defendió, para augurar que el proyecto «llegará mucho mejor de lo que está ahora» al plenario que En Marea prevé celebrar este verano. Villares asegura no sentirse traicionado por las personas que lo atrajeron al proyecto -los alcaldes de A Coruña, Ferrol y Santiago-, pese a que en los últimos días todos ellos cuestionaron la composición del órgano ejecutivo de En Marea.

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