Calabacín y judías valen seis euros el kilo, un coste «horrible» en la plaza para vendedores y consumidores
24 ene 2017 . Actualizado a las 05:00 h.Con el termómetro marcando ocho grados y un sol que resucita a cualquiera, pasear por la plaza de Abastos de Santiago es todo un lujo si se va de miranda. Pero cuando se trata de cargar la cesta de la compra de frutas y verduras en plena cuesta de enero, la sensación es muy distinta.
«Todos estamos encantados con este tiempo», afirma Teresa Pérez, que desde hace tres décadas vende frutas y verduras, «Pero lo que es bueno para unas cosas es muy malo para otras, y ahora la lluvia hace mucha falta», contrapone. A la pregunta de cómo están afectando a los productos de huerta tantas semanas sin lluvias confirma que «todo subió muchísimo, sobre todo berenjenas, calabacín, puerros, tomates y judías». Sus precios, que son prácticamente idénticos en todos los puestos de esta plaza, sitúan el kilo de judías y de calabacín en casi seis euros. Con estos importes, Teresa reconoce que parte de su clientela «alucina, y hay quien nos echa la culpa a nosotros, pero yo les digo que no hay más que mirar cómo están los embalses y cómo están los productos y las plantas que cada uno tiene en su casa».
«Son casi mil pesetas, ¿quién podía imaginar estos precios para las verduras?», añade José Ferreiro, que regenta otro establecimiento justo enfrente del mercado de Abastos. «En la fruta se nota menos porque mucha ya viene de fuera, pero las verduras están carísimas y, aunque la gente lo entiende, porque ve cómo está el tiempo, le duele el bolsillo porque antes era imposible pensar en estos precios».
Concepción Rouco es otra histórica de la plaza compostelana, en donde vende productos de la tierra desde hace cuarenta años. Recuerda campañas con precios desmedidos, pero pocas como esta. «Cando carguei a mercancía hai uns días alucinei cos prezos, que estaban polas nubes. Isto é horrible, a semana pasada xa notei un descontrol total e nesta si que me vai a subir a conta», detalla sin que se le quite de la cabeza que las judías estén a seis euros el kilo. Ante unos valores de mercado tan desorbitados optó por ser cauta a la hora de encargar mercancía, pero su sorpresa fue mayúscula cuando vio que una caja de calabacines a casi seis euros se vendió sin problemas. «E quedei sen vender unha segunda porque non a merquei, e iso que o prezo está ben á vista para que non pensen que é unha estafa. E aínda así esgotei algún produto, e iso que o que fai a xente é levar menos cantidade porque estamos no tempo das verduras e das cremas».
Los grelos, duros y pocos
Si hay un cultivo propio de Galicia y de esta época del año son los grelos, pero la cosecha de este año no pasará a la historia por su calidad ya que al problema de la sequía, «que fai que saian máis duros», hay que añadir las fuertes heladas de los últimos días, que ralentizan la producción. Así lo confirmaban las vendedoras autónomas que se colocan en los bancos que rodean la plaza y que les sirven de mostradores. María, que acude al mercado con los productos que cultiva en su huerta de Lavacolla, afirma que el problema es doble porque «non hai que vender, pero tampouco hai a quen venderlle».
Mientras las vendedoras trasladan al cliente las subidas de precio que les aplican sus proveedores, el consumidor opta por la resignación. «Porque si aquí están caros, en los supermercados la cosa está peor», señalaba ayer una huidiza y resignada clienta.