Yo también quiero ser funcionario

Discapacitados intelectuales preparan la primera convocatoria de la Xunta específica para ellos


SANTIAGO / LA VOZ

El bloque 0 los tiene en tensión. Es el que habla del funcionamiento de la Administración y del Estado. Duro y árido como ninguno. Pero en este aula de las instalaciones de Fademga en Santiago, nadie se arruga. Los ocho estudiantes que están en clase tienen un objetivo: ser funcionarios. No parece nada extraordinario sino fuera porque todos ellos acreditan una discapacidad intelectual. Llevan meses preparando las oposiciones que ha convocado la Xunta para acceder a su plantilla, las primeras específicas para personas con discapacidad intelectual: «Es una vieja reivindicación -explica un miembro de Fademga, la federación que agrupa en Galicia a las asociaciones de personas con discapacidad intelectural-, que hubiera una reserva de plazas específica. Hasta ahora, esa reserva era para todo tipo de discapacidades, de modo que participaban personas con su capacidad intelectual intacta y así era imposible competir».

Las que están por dirimir son seis y pertenecen a la oferta de empleo de 2015. Son puestos de ordenanza o auxiliar administrativo que abren una expectativa nueva para un colectivo que no siempre ha encontrado la compresión necesaria por parte de la Administración. «Yo ya me presenté dos veces a las del Estado -explica Pablo, un vecino de Teo de 31 años-. Eran fáciles, pero no aprobé. La verdad es que me puse un poco nervioso. A ver si la próxima vez no me pongo». Él es uno de los que se atascan con el bloque 0. Todos asienten cuando Pablo explica la dificultad de esa parte del temario. No le gusta a nadie. Vitoria, que también es de Teo y tiene 36 años se presenta por primera vez a las oposiciones. ¿Qué tipo de trabajo cree que le espera si consigue la plaza?: «Ensobrar cartas, coger el téfono, falar en galego...».

-¿Conseguirá el puesto de trabajo?

-Sí, creo que sí.

Ana tiene 52 años y una plaza en Pontevedra que ya se ganó en otra convocatoria de la Administración central. Pero aspirá a más. Laura es mucho más joven. Tiene 20 años y una ilusión patente: «Quiero esa plaza para poder trabajar y poder vivir por mi cuenta». Es la última frontera de estos aspirantes que han ido aprendiendo a defenderse en diferentes aspectos de la vida, a lograr autonomía y ahora afrontan con más edad o con menos la posibilidad de conseguir un trabajo que alimente su sueño de independencia.

Entre los aspirantes que pretenden ingresar en la Administración, la mayoría tienen derecho al voto, aunque no todos. «Desde luego, es un poco absurdo que puedan acceder a una plaza de funcionarios pero que no puedan votar», admite Manuel Carrillo, uno de los formadores: «En algunas clases hemos hablado sobre este particular. a nadie le gusta que le retiren iun derecho».

«Habrá que administrarse»

«Hemos tenido que trabajar mucho para adecuar el temario a las capacidades específicas de los opositores», explica uno de los formadores de la asociación: «Hemos tenido que incidir también en el examen y buscar una fórmula para que la consecución de un trabajo no sirva para fomentar el desarraigo familiar». Los especialistas han colaborado con la Xunta para buscar fórmulas que adapten de forma adecuada el sistema de oposición con la discapacidad intelectual. Pero en el aula, nada parece muy distinto a cualquier clase en la que se preparen oposiciones: «Es un sistema muy nuevo, pero esperamos que todo el tiempo que llevamos trabajando haga que sea más fácil», explican en Fademga.

Carina tiene 31 años, es de A Estrada y tiene ya bastante claro lo que le espera si saca la plaza: «Hacer fotocopias, recados, coger el teléfono». Le parece que cobrará alrededor de ochocientos euros:

-¿Será suficiente?

-Habrá que administrarse como sea para llegar a fin de mes.

Tiene también sus aspiraciones de volar en solitario: «Claro que me gustaría independizarme aunque, de vez en cuando, iría a casa». No es infrecuente que las familias acaben sobreprotegiendo a estos chicos y desconfiando de su salida al mercado laboral. No es el caso de Carina. «En mi casa me animan mucho. Me dicen que vaya a por todas».

En unos meses, este pequeño grupo más otros cuatrocientos aspirantes, se presentará a una convocatoria que cambiará para siempre la vida de unos pocos. Tal vez, en no demasiado tiempo, pueda cambiar la vida de todos.

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