Reflexiones con pasión desde el muelle en el que un ejército desnudo «saíu a por todas»

GALICIA

14 nov 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Undécimo aniversario del Prestige. Se cita en el muelle de Aguiño a tres hombres con un denominador común: tuvieron un papel clave en la lucha desnuda de la gente del mar para salvar la ría de Arousa de la peste negra. Son José Luis Torres, entonces presidente de la Diputación de A Coruña y alcalde de Ribeira; Agustín Pose, antiguo líder bateeiro, y Andrés Monteagudo, ex patrón mayor de Aguiño. Se les propone, mientras el mar bate, abrir la caja de recuerdos. Y la abren, vaya si la abren.

Sus mentes viajan a la misma jornada. No es el 13 de noviembre del 2002. Es el 2 de diciembre. Torres con sosiego, Pose con vehemencia y Monteagudo con ganas de olvidar recuerdan cómo unos barcos bateeiros confirmaron los peores augurios: el chapapote se acercaba a la ría más productiva del mundo. Y como, 24 horas después, un ejército con más ganas que armas se lanzaba desde Aguiño a por el fuel. Cada uno ha digerido de forma distinta la catástrofe. Torres se queda con la lección dada por la gente del mar. Pose echa de menos no haber visto sentados en el banquillo «aos que cortaban o bacallau». Y Monteagudo insiste en hacer bueno el borrón y cuenta nueva. Coinciden en su visión sobre la sentencia. Todos entienden que el capitán, al fin y al cabo, solo era eso, un capitán. Y en que López Sors, acertadamente o no, tenía que tomar una decisión complicada.

Sale a relucir el incidente por el que medio mundo conoció Aguiño: la imagen de un bateeiro lanzando una chaqueta con «jalipote» a Torres. Las tornas cambian. Pose, crítico a rabiar con el Gobierno que gestionó la crisis, dice: «Foi inxusto. Os alcaldes aquí estiveron de dez, fixeron todo o que puideron, ata bocadillos. Alonso, entón rexedor de Boiro, deixoume o iate para ir mirar o piche». Torres añade que él ha olvidado y perdonado. De hecho, pidió que el agresor no pagase por lo sucedido. Y uno llega a dos conclusiones. El tiempo les ayudó a entenderse mejor e hizo que prevalezca una frase que todos acaban pronunciando: «Aquí a xente do mar saíu a por todas».