El misterio del ataúd abandonado

Luis Carlos Llera Llorente
luis carlos llera PONTEAREAS / LA VOZ

GALICIA

Óscar Vázquez

La Guardia Civil investiga si el féretro que se halló en un vertedero junto al cementerio de Ponteareas pertenece a una familia gitana

08 nov 2013 . Actualizado a las 12:27 h.

Es el misterio del sarcófago. La Guardia Civil busca a los propietarios de un ataúd de roble que apareció tirado en un vertedero de Ponteareas sin restos en su interior. Las pesquisas apuntan a un clan familiar asentado en Vigo, Ponteareas y Redondela, aunque otra familia de Tui aseguró que la caja les pertenecía a ellos y presentaron su correspondiente denuncia en el instituto armado.

Todo comenzó en el pasado mes de agosto. El enterrador oficial del cementerio municipal de Ponteareas se marchó de vacaciones. El 7 de agosto murió Alfredo López Jiménez, un chatarrero vigués de 65 años. La familia llevó a cabo el entierro en el nicho familiar situado en Ponteareas. «Lo enterraron aquí porque la familia quería que sus restos descansasen junto con los de mi tío José Jiménez Silva, que había fallecido en el año 1992 cuando contaba con 39 años de edad», cuenta Lázaro Jiménez, un joven de 26 años miembro de una familia de 13 hermanos.

Como en el nicho solo había un hueco para una caja, extrajeron la de José Jiménez y «el enterrador sacó las cenizas, la introdujo en una bolsa y las puso junto a las de mi padre en el mismo ataúd», cuenta Lázaro. «El enterrador dijo que él se hacía cargo del ataúd de mi tío y ya no supimos más de él», añade.

Pasaron las semanas y apareció el féretro abandonado en un descampado situado detrás del cementerio municipal. En este terreno se apilan las coronas secas de flores y otros ornatos.

Pero en un talud situado al borde de esta explanada y adentrándose en un pequeño bosquecillo, apareció el féretro de madera de roble. En general estaba en buen estado y solo tenía rota alguna esquina.

Investigación

Al conocerse las circunstancias del hallazgo una ola de estupor recorrió la comarca de Vigo y comenzaron las hipótesis y los comentarios. El alcalde de Ponteareas, el popular Salvador González Solla, mandó abrir una investigación y destruir el ataúd hallado. Quedó reducido a astillas y luego fue incinerado.

Por su parte, la familia Maceira de Tui aseguró que el féretro les pertenecía. Se basaban en que el pasado verano desaparecieron los restos de unos familiares del cementerio de Caldelas de Tui. Atribuyeron la desaparición a la actuación de otros miembros de la familia ofendidos con ellos por un problema de herencias.

La familia Maceira presentó una denuncia en el cuartel de la Guardia Civil. Según Montse Maceira, resulta factible que sus allegados se hubiesen llevado la caja de roble en que estaba enterrada su hermana Esmeralda y hubiese trasladado sus cenizas al panteón del cementerio de Tortoreos, origen de la otra rama familiar y supuestamente habría tirado la caja desocupada en el descampado de Ponteareas que se encuentra en el camino entre Tui y As Neves.

Sin embargo, la Guardia Civil de Ponteareas está realizando indagaciones en otra línea y ayer por la mañana se personó en el cementerio para hablar con miembros de la familia Jiménez. Como todos los días algunos de ellos estaban rezando delante de la tumba de su familiar y los citaron por la tarde para que presentasen documentación sobre el entierro. Ayer por la tarde se acercaron para prestar declaración ante el cuartel de la Guardia Civil y presentaron los papeles por los que el enterrador asume hacerse cargo del féretro y de todas las actuaciones al respecto.

Cariñosos

Lázaro Jiménez asegura que «los gitanos somos muy cariñosos con nuestros familiares fallecidos. A nosotros los payos nos respetan mucho en este cementerio y nosotros les respetamos a ellos». Prueba de su devoción es que delante de la tumba de la familia Jiménez hay una alfombra de color morado y el lugar acumula más coronas que cualquier otro panteón. En el nicho pueden verse las fotografías de los fallecidos y en la lápida del patriarca, Alfredo López Jiménez, puede leerse: «He peleado la batalla. He acabado la carrera. He guardado la fe. Por lo demás me está reservada la corona de la Justicia».

Los usuarios del cementerio, que aún están conmocionados, atribuyen lo sucedido a que «alguien tuvo prisas y se deshizo del ataúd».