«Alégrome que o de Cleveland acabara ben, pero é a excepción»

M. Cedrón REDACCIÓN / LA VOZ

GALICIA

La familia de Sonia Iglesias
La familia de Sonia Iglesias RAMON LEIRO

Más de diecisiete casos de desaparecidos en Galicia aguardan una respuesta

19 may 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Hace poco más de una semana tres jóvenes fueron liberadas en Cleveland de un secuestro que duraba ya más de una década. A principios de este mes un documental descubrió que un soldado norteamericano dado por muerto en la guerra de Vietnam hace más de cuarenta años estaba con vida. Ninguna de estas dos historias tiene nada que ver con casos como, por ejemplo, el del ferrolano Pedro Yáñez, cuyo rastro se perdió hace justo hoy seis meses, el de Sonia Iglesias, desaparecida en Pontevedra el 18 de agosto del 2010, o el de María José Arcos, de la que no se sabe nada desde 1996, pero son la excusa para recordar que aquí en Galicia hay todavía más de 17 casos no resueltos. Detrás de algunos parece esconderse un presunto crimen. Pero la amplia mayoría se corresponden con personas de edad que un día salieron a pasear y se extraviaron. Saber qué pasó y conocer dónde están son los enigmas que sus familias tratan de resolver para poder dormir.

«Alégrome de que haxa casos que se resolven como o de Cleveland, pero son a excepción. Son un entre mil ou un de cada dez mil. Persoalmente nós non vemos que un día nos vaian chamar para dicirnos que, coma nese caso, a miña irmá está viva». Rosa Arcos, hermana de María José, parece haberse acostumbrado a vivir con esa ausencia. Pero no. Todavía tiene que cerrar ese capítulo que comenzó un día de agosto de hace ya más de dieciséis años. «Ninguén é capaz de pechar un capítulo da vida que non está pechado ata que non se atopa un corpo ou uns restos. Non é obcecación, é algo vital para a persoa, algo irracional o que leva a querer coñecer o que pasou e que proporciona angustia e incluso ás veces culpa», dice. Lo que ha ocurrido en Estados Unidos, aunque es una buena noticia, no le da esperanzas. «Depende un pouco de cada caso. Hainos nos que pode haber algunha pista que mostre que foi un secuestro, pero hai outros nos que todo indica que ocurriu algo máis tráxico. O problema é que tal e como está a lei para que haxa delito ten que aparecer o corpo», asegura.

A MariCarmen Iglesias, hermana de Sonia Iglesias, tampoco le parece que el norteamericano sea un caso como el que padece su familia. «Cuando esas chicas desaparecieron eran jóvenes, puede que su inocencia las llevara a subir al coche de un desconocido, pero una persona adulta no sube a un vehículo cuando en él no va alguien al que conoce. El único coche en el que presuntamente montó era en el de su expareja», asegura. Ahora, después de tantos días de angustia y espera, teme lo peor: «A estas alturas, transcurridos tres años, al ver que no se ha puesto en contacto, que no ha habido movimientos en su cuenta bancaria... tendemos a pensar que ya no se encuentra con vida». Ese pensamiento es doloroso, pero «acabamos acostumbrándonos a vivir día a día con el dolor».

Para el padre de Pedro Yáñez la incertidumbre lo que provoca es «un sinvivir». No sabe qué pudo pasarle a su hijo. Y duda. Su mente no para de dar vueltas. Cada día sus teorías se debaten entre el hecho de que pudiera habérselo llevado un golpe de mar porque había mucho temporal o bien que se fuera voluntariamente, aunque esta última le resulta extraña por cómo era su hijo.

El día 19 de noviembre del año pasado fue el último día que lo vio. «Vino a comer a casa. Lo hacía cada semana de forma habitual. El último día que alguien fiable dice haberlo visto fue el 21, dos días después. El 22 tenía pensado ir a hacer un reportaje fotográfico a Caranza. Su madre le envío un whatsapp para saber cómo le había ido, pero no le contestó», recuerda.

No contestar no era propio de él. Lo dice su padre, que cuenta que «tras quedar en paro había incluso sopesado la idea de regresar a casa», explica. Y recuerda: «Aquel día hacía muy mal tiempo, puede que le hubiera fallado una pierna y acabara en el mar». Y aunque es duro clama que «ojalá se hubiera ido y un día apareciera. Pero no lo sabes, no hay pistas».