La vuelta a las aulas, para completar los estudios que quedaron a medias o para formarse en nuevos campos, a la espera de conseguir un trabajo, no es una realidad ajena a los gallegos que, en este momento, se encuentran en paro. Estos son cuatro de esos casos.
Héctor maggio
Albañil y pintor. Con 54 años, Héctor Maggio, español de origen argentino, ha vuelto a coger los libros para sacar la ESO porque, aunque en su país cursó estudios de secundaria, explica que no los homologó cuando, hace una década, fijó su residencia en el municipio de Ribeira. Hace un año se quedó en el paro y, desde entonces, no ha dejado de asistir a cursos. Incluso, se plantea hacer un ciclo medio de FP, aunque no tiene demasiadas esperanzas de que eso le ayude a encontrar empleo: «El principal problema que tengo es el de la edad. Solo le doy un 20 % posibilidades al hecho de que pueda acceder a un trabajo por tener un título». Sin embargo, no se rinde: «Mientras no consiga trabajo estudiaré. Tengo que mantenerme activo porque, al no tener actividad laboral, la cabeza trabaja demasiado». Casado y con dos hijos, Héctor Maggio trabajó en la construcción como albañil y pintor desde su llegada a Ribeira. Dice que la crisis lo golpeó de lleno, y añade: «Esta situación económica ya la viví en Argentina».
Ricardo Prego
Mozo de carga. Acaba de cumplir, hace unos días, 23 años. Una vez que terminó la ESO, Ricardo Prego, carballés, dejó los estudios. «O traballo empeza a darche cousas, máis liberdade e, con 17 anos, pensas que mil euros son un sueldazo. Pero pasan dez anos, non tes nada e estás na rúa», explica. En su caso, ni siquiera pasaron diez años. Antes de la crisis, en la empresa en la que trabajaba como mozo de carga eran doce empleados. Después, seis. «E agora non hai nada. Tampouco quero estar toda a vida cargando. Hoxe, sen preparación, non vas a ningún lado», asegura. Ricardo decidió volver a las aulas el año pasado: sacó primero de bachillerato en el instituto Parga Pondal, en la modalidad de letras, y en este curso estudia segundo. Quiere ser abogado. Admite que la vuelta fue un tanto dura, «porque xa estás desconectado», pero se muestra animado. «Agora arrepíntome de todo o tempo que perdín deixando os estudos», dice mirando hacia atrás. «Un avogado pode ser varredor, pero un varredor nunca vai poder ser avogado». Esa es su máxima para hablar de la necesidad de formarse y aprovechar el paro.
Jorge Lorenzo
Empleado en un almacén de material eléctrico. Tiene 29 años, es de Malpica y llevaba trabajando cinco y medio en un almacén de material eléctrico. La empresa cerró, «e agora non hai traballo». Él, que ya había estudiado bachillerato y un ciclo de higiene bucodental, cursa desde hace dos semanas, en el instituto Parga Pondal, de Carballo, el primer año de un ciclo superior de administración de sistemas informáticos en red. Cree que esta rama podría tener más salida: «Pode ser o sector que menos paro ten».
Daniel Nielsen
Carpintero. A sus 34 años, este carballés tuvo un empleo desde los 20. Hace nueve meses que se quedó en paro. Trabajaba como carpintero, sector que experimentó una caída ligada a la de la construcción. Estudia, también en Carballo, el ciclo superior de administración de sistemas informáticos en red. El inicio es un tanto complicado. «Hai xente que está pagando unha hipoteca, un piso... non é unha broma», deja caer.