Reflexión ciudadana

GALICIA

Hay quien piensa que debe pagar los platos que han roto los grandes bróker, los bancos nacionales e internacionales, los políticos, los mercados... y que esa situación no es del todo justa. Porque al que le recortan la prestación por desempleo a la que contribuyó a través de un seguro social que pagó a base de esfuerzo, al que le imponen una subida del IVA y del IRPF, y al que le anuncian una rebaja de la pensión para la que ya lleva cotizando desde hace 25 años, jamás (y se repite, jamás) ha dejado de pagar una hipoteca, ni jamás formó parte de una lista de morosos, ni jamás le dieron una ayuda pública para una beca o para una vivienda de protección oficial. Él forma parte de esa clase media que peligra porque la economía española no crece. Es más, día a día se vuelve más y más invisible, sometida a las medidas de una Europa liderada por una Alemania que en época de bonanza financió con el ahorro de sus ciudadanos la gran burbuja hipotecaria española. Tiene guasa la cosa.

Ahora, desde Berlín se impone una política restrictiva que deja sin aliento a los más necesitados y agudiza la brecha entre las clases sociales. En España -y en Alemania también- los pobres son cada vez más pobres, mientras que los ricos lo son un poquito más. Se saben mover, pero sobre todo tienen dinero para hacerlo. Mientras, el resto de la población se queda sin blanca porque destina sus ahorros a atajar los más de cinco millones de dramas. ¿Quien no conoce a un parado? Claro que se esperan medidas, pero de crecimiento.